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Un incidente de tráfico en Marbella delata a un fugitivo buscado por una estafa millonaria

Una intervención de la Policía Local terminó destapando a Phillip Lam, un británico condenado en su país a cuatro años y nueve meses de prisión por robar junto a su socio los datos de más de 1.000 tarjetas de crédito con las que realizaron compras que superaron el millón de euros

Imagen de Phillip Lam difundida por las autoridades británicas. | L.O.

Phillip Lam. Británico de 31 años y natural de Dingle, un área del centro de Liverpool previa a los suburbios del sur. Un turista más en la Costa del Sol hasta que el pasado 26 de noviembre sus planes de fugitivo saltaron por los aires. Fue sobre las 2.30 horas de la madrugada en Marbella. Un incidente con el coche en el que circulaba Lam no pasó desapercibido para la Policía Local. Los agentes identificaron al joven y comprobaron que tenía un señalamiento importante. Las bases de datos indicaban que el tipo, de apenas 1,60 de altura, pero fuerte como un oso y bastantes malas pulgas, tenía una orden de detención lanzada por las autoridades británicas. Se resistió a su arresto.

Ya reducido, los policías verificaron que la justicia inglesa lo buscaba desde el 9 de marzo de 2021, fecha en la que debió presentarse en el Tribunal de la Corona de Liverpool para que le notificaran su sentencia por una estafa millonaria. Desapareció, pero su ausencia no impidió que fuera condenado a cuatro años y nueve meses de prisión por robar los datos de más de 1.000 tarjetas de crédito de usuarios de Reino Unido y Estados Unidos que le permitieron vivir una etapa inolvidable. Según la policía de Merseyside, Lam y su socio Steven Noone, a los que la prensa liverpuliana llama los estafadores de WhatsApp, usaron los códigos de esas tarjetas para hacer gastos por valor de más de un millón de libras (1.136.300 euros).

Tarjetas de crédito

La investigación concluyó que los acusados intercambiaban y utilizaban activamente las tarjetas de crédito robadas para realizar compras en nombre de terceros. Los teléfonos y los ordenadores intervenidos en sus domicilios revelaron que ambos estaban involucrados en la adquisición de bienes o servicios que revendían a personas que contactaban con ellos a través de WhatsApp, ICQ o en las redes sociales en las que anunciaban productos con grandes descuentos y paquetes de vacaciones que previamente habían abonado con las tarjetas ajenas. No obstante, la investigación arrancó gracias a las denuncias de Jet2.com y Jet2holidays, portales en los que saltaron las alarmas cuando detectaron que más de 20 vuelos habían sido reservados online sin el conocimiento de los titulares de las tarjetas con los que habían sido abonados entre mayo y septiembre de 2016. Sólo esas operaciones supusieron gastos de 21.000 libras (23.883 euros).

El rastro de víctimas fue enorme. Están los particulares que no daban su consentimiento a las operaciones, los que les compraban las vacaciones de buena fe y, por otro lado, las propias operadoras de los vuelos y estancias hoteleras. En el caso de Lam, los beneficios le permitieron mantener un lujoso estilo de vida que incluía viajes internacionales con su familia y blanquear efectivo en cuentas de juego de azar y bitcoin, según la policía.

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