Hacia dónde se orientará la nueva arquitectura? La denominada 'arquitectura espectáculo' ya no será una prioridad para las políticas locales ni para algunos arquitectos, pues hemos comprendido que mientras la imaginación volaba y los presupuestos se disparaban los resultados iban acompañados de más costes y menos salubridad. Hemos producido edificios sin ventanas practicables porque la tecnología lo podía todo, pero no hemos reparado en que la vida de esos edificios exigía mucha energía que hoy no debemos consumir, además de otras cuestiones relacionadas con la salud. Hemos ido dejando de lado principios esenciales en arquitectura, como la orientación de las casas, la funcionalidad, la integración en los entornos urbanos o rurales, la vigilancia sobre el comportamiento de determinados materiales, etc. Hemos priorizado la imagen en abstracto sobre las realidades concretas, hasta el punto de olvidarnos de la ciudad y sus ciudadanos como dueños/usuarios de lo que hemos concebido. También nos estamos olvidando de conceptos básicos que deben dar vida a nuestras ciudades: complejidad, diversidad, pluralidad, habitabilidad, solidaridad, sostenibilidad y eficiencia energética son conceptos que habrán de estar presentes en la concepción de proyectos para la construcción/reconstrucción de nuestras casas, ciudades y pueblos si miramos hacia el futuro. Construir mucho y con mucho dinero no era el camino; construir lo necesario y adecuar nuestras viejas casas para evitar/reducir los despilfarros habrá de ser el modo a seguir para los próximos decenios. Esto vale para lo nuevo y para lo ya existente. Para los nuevos edificios, las leyes exigen apenas consumo de energía y supresión de emisiones contaminantes. Los edificios viejos precisarán rehabilitaciones orientadas a la reducción drástica de consumos de energía, lo que se conoce como rehabilitación energética, pero también se aprovechará para mejorar la accesibilidad (hay muchas casas sin ascensor) o para modernizar instalaciones, cocinas y cuartos de baño. Es muy posible que la industrialización se recupere como principio interesante para asegurarnos una buena arquitectura, que a la vez sea eficiente energética y acústicamente. Construir en taller es garantía de control en la ejecución material, pero a la vez la puesta en obra y sus múltiples ensamblajes exigen más estudio y mayor cualificación de la mano de obra, todo lo cual precisa estudiar e investigar sobre la buena construcción que todos necesitamos y queremos. La Directiva Europa 2010/31 expresa la exigencia de apenas consumir energía contaminante desde finales de 2020 en la totalidad de nueva edificación. El primer efecto sobre el futuro de la arquitectura es el aumento de peso que adquiere la ciencia, las técnicas y las tecnologías en la concepción de los edificios y su ejecución material. Y ese mayor rigor científico se trasladará a las formas. Considero que disminuirán sensiblemente los formalismos banales que algunos vienen confundiendo con el arte en la arquitectura y adquirirá más valor el factor forma, como dato básico para aumentar la eficiencia energética y reducir las emisiones de gases efecto invernadero. Será preciso afinar más en los presupuestos y, además, tanto las empresas como los profesionales y las administraciones públicas tendrán que comprometerse al predominio de los valores técnicos, funcionales y sostenibles sobre otros valores más espurios que, lamentablemente, florecieron con vigor en los últimos decenios y que nos cuesta mucho habitar y mantener. A lo largo de la historia, los cambios técnicos fueron consecuencia de los avances científicos y tales realidades fueron dando lugar a formas diferentes. Salimos de las cuevas/cavernas trogloditas porque aprendimos a construir casas con madera. Después añadimos muros de piedra y hasta vigas, pilastras, arbotantes en el gótico, grandes ventanales, cubrición de amplísimos espacios y así sucesivamente hasta que la revolución industrial nos permitió las grandes estructuras en altura para edificios de uso habitual, y ello nos facilitó la vida pero también dio lugar al exceso en demasiados casos. La libertad de expresión en la arquitectura y sus amplias posibilidades seguirán siendo una realidad posible y demandada, pero para los próximos decenios la sociedad requerirá más sentido del ahorro, funcionalidad y mantenimiento de nuestras casas, a la vez que más ciencia, racionalidad, belleza y ética acompañados de menos antojos banales en la imagen formal.