Se inauguró ayer en el Palacio de Ferias el I Foro Nacional de Hostelería. Y aquello se convirtió en un pequeño Fitur. Más políticos que baldosas, expertos, algún curioso, diletantes, todos con test de antígenos. La única diferencia con Fitur es que la gente no tenía cara de haber estado en garitos de mala nota la noche antes. Ni se oía gente hablando por teléfono a voces diciendo no, cari, ayer se me hizo tarde porque estuve en El Prado. Ensayo de normalidad. Los hosteleros no fueron a poner raciones y sí a denunciar que las ayudas prometidas no llegan ni se tramitan bien. «Muchas ayudas suponen tirar el dinero público, nosotros lo que queremos es trabajar», suele repetir Javier Frutos, presidente del gremio a nivel andaluz. Fue muy llamativa, ante tanta autoridad, la ausencia en la inauguración del alcalde De la Torre, que a esa hora estaba en Canal Sur en Sevilla, en una entrevista en la que ‘vendió’ las virtudes de Málaga y en la que se mostró partidario del pasaporte, o al menos, el certificado Covid. De la Torre aprovecha el tiempo y lo mismo despoja de competencias a un edil que se planta en Sevilla, no iría solo a eso, en vísperas de la movilidad entre provincias. Se esperaba también a Juan Marín. En el foro hostelero, no en Sevilla. A los consejeros de Turismo cuando no hay turismo se les ve un poco tristones, si bien vemos a Marín como alguien con capacidad para reinventarse y afiliarse a una nueva ilusión si la vida se pone muy fea. Los consejeros de Turismo sin turistas deberían hacer un congreso o encuentro. Salvo el anfitrión, los demás serían turistas, claro, o al menos visitantes. Tal vez hicieran un gasto medio diario con pernoctación favorable para el destino en cuestión. Y las estadísticas. Los consejeros de Turismo de antes se medio inventaban las cifras y daban ruedas de prensa grandilocuentes plagadas de chorradas que todos aceptábamos de buen grado, es nuestra industria y tal y cual. Pero ahora es que hay menos imaginación. Y más estadísticas, paradójicamente. A veces dan ganas de ir a decirle a un consejero de Turismo, oiga, no se apene, yo soy turista, de verdad que en cuanto pueda me doy el piro, me abro, me doy un garbeo, compro un billete de avión y me hago turista. Turista o peatón, mismo. En el encuentro hostelero este que comentamos no faltó quien apeló a la «necesaria transformación digital», que es un mantra y tópico que se ha instalado y que es ya más difícil de quitar que las manchas de pasta de dientes en el lavabo. El día que se digitalicen estos eventos pues no habrá nadie en ellos, dado que todo el mundo estará conectado y no presente. Y lo de comprar los billetes de avión por el ordenata es ya más viejo que La Primitiva. Si es a eso a lo que se refieren con digitalizar. Que es también hacer algo a dedo.