Era junio del presente año cuando, en una tarde ya calurosa, salía a la luz lo que desde la comisión del Centenario de la Agrupación se tenía pensado llevar a cabo a través de tres grandes hitos: Una exposición y veneración en la Catedral, la procesión magna y el Vía Crucis extraordinario.

El revuelo cofrade aquella noche trascendió más allá de nuestras fronteras. Fuera de Málaga, se aplaudía el proyecto. Hablaban de valentía, de coraje y sobre todo, de ser los primeros en plantear la vida cofrade tras lo peor de la pandemia.

Cuando todavía había recelos, miedos y problemas para salir a la calle, Málaga tuvo la capacidad de planificar actos de relevancia aún sabiendo que en el momento de ponerlos sobre eran inviables.

Pero se está pudiendo.

Una cascada de recelos en los círculos más pesimistas sobrevolaba en todo momento. La pandemia, la falta de personal o las dificultades técnicas se convertían en mantra ante un escenario donde la perspectiva de futuro era mejor según pasaban los días y las horas.

Pero Málaga, en el ámbito cofradiero, mutó -como es natural- en foro público donde se opinaba de todo. Análisis exhaustivo a recorridos, protagonistas, orden o adecuado posicionamiento de la corporación equis debido a su nuevo corte menos clásico a la hora de participar en tal o cual cuestión.

Sin embargo, nada de eso debiera impresionar. Nuestro mundo cofrade -formado por nosotros mismos- tiene altas capacidades para el análisis, la crítica y quizá para el desarrollo de la maldad verbalizada. Pero no pasa nada. En el fondo se trata de algo habitual en cualquier parcela y se asume de manera positiva y curiosa esa filosofía.

Dicho lo cual, fue curioso y llamaba extraordinariamente la atención el calificativo que se le dio desde algunos círculos -redes sociales incluidas- a la exposición y veneración de imágenes devocionales prevista en la Catedral de Málaga.

El Verbo Encarnado era para muchos un premio de consolación. Y es que, justo al momento de conocerse en cual de los actos participaría cada una de las corporaciones, el de la Catedral comenzaba a generar dudas en algunos sectores.

La pedrea o directamente algo de segunda eran los conceptos más usados junto con el premio de consolación. A todo ello se le sumaba un concepto curioso que no logro comprender bien que es el de no concebir que una imagen esté fuera de su camarín equis tiempo.

Curiosa duda pues, se trataba de estar en la Catedral de Málaga El primer templo de la ciudad, en el corazón del centro, con unos horarios más amplios que el de la mayoría de sedes y con la obvia gratuidad para su acceso.

Aún así, comenzó una etapa de dudas. De cabildos narrados por redes donde había quien se negaba y votaba en contra. Donde se sucedían en cascada mil y una dudas al respecto. Cuestiones variadas, condiciones y condicionantes que serían claves para su viabilidad.

Y después estaba él. Esperando y cargado de energías para esturrear porquería: Twitter. En el lodazal cibernético se leían esperpentos. Personas anónimas casi prohibiendo que la Imagen a la que tiene devoción pueda ir a eso. «¿Cómo va a estar mi -incluya aquí un nombre de Virgen o Cristo- sin su gente y sin su barrio?». Una pregunta leída una y otra vez con el consiguiente desprecio hacia lo planteado por el Centenario.

Pero el sentido común, como casi siempre, imperó y se llevó a cabo algo que, sin duda alguna y sin desmerecer al resto, pasará a la historia cofrade y a la memoria colectiva de toda una ciudad.

Y sucedía hace un par de meses cuando, a pesar de alguna salida previa, una mañana, muy temprano, Málaga amaneció devolviendo a muchas personas aquello que la pandemia nos sustrajo.

Con cercanía, sin la banda sonora habitual y con el público como hilo musical en una mañana que supuso el primer y gran reencuentro con la vida. Emoción de todos representada en un grupo de Sagrados Titulares de los que todos fuimos seguidores con la mirada. Y al concluir, la ciudad eclosionó. Y se entendió lo que significaba verdaderamente la devoción. Se palpaba y comprendimos en primera persona la importancia de la religiosidad popular más allá de los muros de las sedes canónicas.

La Virgen no es de nadie y lo es de todos a la vez. Y con El Verbo Encarnado ha quedado patente.

Un hito devocional, artístico y cultural jamás visto en Andalucía y por el que han pasado más de ciento treinta mil criaturas en una ciudad aún a medio gas con el turismo.

Comparar es errar. Pero sería interesante conocer datos reales de personas que, anualmente, discurren por delante de una capilla determinada para valorar el impacto y la cercanía que esta veneración ha tenido para todo el mundo.

Málaga ha demostrado con creces que está a un nivel superlativo en el ámbito cultural y cofrade que, en El Verbo Encarnado se han dado la mano. Y es justo reconocer y agradecer la labor de quienes lo han hecho posible. Una bicefalia en la que los presidentes de la Agrupación de Cofradías y de la Comisión del Centenario han tenido la altura de miras suficientes para apostar por algo tan singular y contemporáneo y en la que, un equipo extraordinario ha desarrollado una de las apuestas más exitosas de la historia contemporánea en cuanto a arte y cofradías se ha puesto en escena. Miguel Ángel Blanco, Gonzalo Otalecu, Rafael de las Peñas y Marina Riera. Cuatro personas que, de manera discreta y fuera del plano en todo momento, han hecho que nos sintamos orgullosos de Málaga y sus cofradías.

Para todos, el agradecimiento generalizado de un mundo cofrade que, en muchos casos, han tenido la suerte de vivir de cerca momentos únicos que ya son historia.

Procesión histórica de ida que nos abrió los ojos. Exposición y veneración con más visitantes que los habitantes de alguna de las capitales de provincias de Andalucía. Y una cercana procesión de vuelta con el arrope de sus barrios.

¿Premio de consolación? De la droga se sale. De las redes sociales envenenadas, también. Viva Málaga.