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Angelines de Lorenzo- Cáceres de Laguno

Málaga de un vistazo

Angelines de Lorenzo

Horizonte borrascoso

Lluvia en Málaga. L. O.

Son preciosas las nubes borrascosas que anuncian agua en tierras malacitanas, pero cada vez disfrutamos menos de algún día lluvioso con olor a tierra mojada, a limpio, a vegetación y salitre del mar revuelto.

Ya no llora el cielo, pero sí los agricultores, que no le piden a los santos sino a los políticos, cual zahoríes, ayuda para salvar sus cultivos que chupan más agua que sangre una sanguijuela. La política les susurraba: Arranquen sus plantaciones tradicionales de secano, que no las salvaremos, protegeremos ni replantearemos para que les rente, en su lugar produzcan lo que pide la demanda para obtener pingües beneficios, bienvenido lo tropical aunque escasee el agua. ¿Para qué el Ministerio de Agricultura, la Cuenca Mediterránea Andaluza…? El pelotazo del ladrillo en versión vegetal. Llorarán los malagueños cuando lleguen las restricciones de agua y también pensaremos si nuestro turismo no es buen modelo.

¿Para qué queremos reglas que impidan ganar montones de dinero? Cuando la bomba de los recursos naturales estalle, que nos salven el cuello. Nada pasa por plantar tropicales, ni un macrohotel como la torre del puerto, ni por un campo de golf con chalets en la costa protegida de Maro, ni por no acelerar reforestaciones y bosques urbanos. Ni pasa nada con el cambio climático, la inundabilidad, acidificación del medio o seguir cargando la ciudad de coches, eléctricos, eso sí, de cuyos componentes contaminantes y su tratamiento aún poco sabemos. Intereses políticos, económicos, sociales… hacen olvidar el objetivo primordial de una especie: La supervivencia. Burlamos la selección natural, fruto de una evolución social y cognitiva, pero este planeta pide una revolución que casi nadie piensa. Pero tan pronto pasamos de mirar el cielo a ver si cae agua, a mirar por si caen bombas. No importa, invertiremos en el metaverso. La involución se acerca.

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