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La Opinión de Málaga

Cristobal Montilla

La calle a tragos

Cristóbal G. Montilla

La valla, la vergüenza y los eufemismos

Pedro Sánchez parece empeñado en acumular una saga de despropósitos en su visión de las políticas migratorias y ahora ha reincidido, tras abandonar a su suerte al pueblo saharaui

Protesta contra la masacre de la valla de Melilla, esta semana. EFE

No solo son subsaharianos, también son personas. No es exactamente una valla, España también tiene su muro de la vergüenza. Y una afilada batería de eufemismos con los que marear la perdiz. Con los que continuar mirando a otro lado, mientras siguen llegando desde Melilla noticias que desbordan el río de sangre. Que retroceden siglos atrás en el tiempo cada vez que el mismo bumerán regresa a una frontera manchada. A un ‘no lugar’ que, incluso, se aficionó durante una época a la macabra ruleta rusa de las concertinas. Ha pasado una semana ya y quienes mandan se empeñan en que hagamos la digestión de imágenes que se regodean en el hacinamiento y las fosas comunes.

Por desgracia, el deseo de enterrar lo sucedido lo antes posible no ha sido patrimonio exclusivo de un Gobierno marroquí alérgico a los escrúpulos. El presidente de sus vecinos europeos no ha tenido ningún problema en volver a las andadas. Pedro Sánchez parece empeñado en acumular una saga de despropósitos en su visión de las políticas migratorias, y ahora ha reincidido tras la sorprendente huida hacia adelante con la que abandonó a su suerte al pueblo saharaui.

¡Qué fácil es echarle la culpa a las mafias! El recurso resulta tan ‘convincente’ como aquello que se le dice a los niños para que se vayan a la cama: ¡Qué viene el coco! El cacareado «bien resuelto» y la alargada ristra de eufemismos denotan una cobardía ombliguista que renuncia a las dosis mínimas de humanidad. ¡Para qué se va a mirar de frente a lo sucedido en la valla melillense, si estamos abducidos por Marruecos y nos eclipsa el escaparate de una cumbre de la OTAN!

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