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Francisco Moyano

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Francisco Moyano

Cronista oficial de Marbella

Un empresario llamado Cristóbal

Un empresario llamado Cristóbal

Hasta en dos ocasiones anteriores la Asociación de Empresarios y Profesionales CIT quiso conceder el premio de Empresario del Año a Cristóbal Parra, gerente del Hotel San Cristóbal. Ambas veces declinó aceptar porque siempre consideró que sus hermanos Diego, María Isabel y María de los Ángeles, propietarios todos ellos del veinticinco por ciento de los negocios familiares, poseen el mismo estatus de empresario. Tres años después del fallecimiento de Diego, el Centro de Iniciativas Turísticas volvió a ofrecer el galardón, siendo aceptado en la edición del presente año.

El grupo empresarial Parra de la actualidad parte de la labor llevada a cabo por el propietario agrícola Cristóbal Parra Sánchez, promotor de una pionera urbanización en San Pedro Alcántara con el nombre de Los Ángeles, en homenaje a su mujer. Más tarde llegaría la parcelación de Villa Parra, situada entre Ancón y Río Verde, vendida en lotes de mil metros cuadrados. En el mes de agosto de 1961, se inauguró la Residencia San Cristóbal, posteriormente Hotel San Cristóbal. Con idea de comprobar de primera mano las características de una galería comercial, acompañado del arquitecto y del administrador Julio Moreno, viajó a Ginebra y allí vio una escalera mecánica que entendió como ideal para el acceso a su establecimiento. Se convirtió en la primera que existió en Marbella.

A la inauguración de la Residencia acudieron, entre muchos otros, los míticos futbolistas Alfredo Di Stéfano, José Emilio Santamaría e Isidro Sánchez. Dos años después fue uno de los socios fundadores del Hotel Bellamar, adquiriendo posteriormente la totalidad de la propiedad y convirtiéndose en hotel escuela, tras un breve periodo del Hotel San Nicolás en ese cometido. Actualmente, tras la recuperación por parte de la familia Parra, su lugar lo ocupa un edificio de apartamentos turísticos denominado Aqua, con otro similar en San Pedro Alcántara.

Actualmente el Hotel San Cristóbal se encuentra cerrado para emprender su conversión en establecimiento de cuatro estrellas con un nuevo nombre y con la responsabilidad en la gestión de la tercera generación de la familia.

Como él dice, Cristóbal es un marbellero por los cuatro costados, con antecesores que se remontan a siglos atrás. Asegura que fue un niño «tranquilo e inocente». Cuando tenía cinco años sufrió un proceso reumático que le mantuvo cuatro meses en cama sin poder andar y sometido a un tratamiento con penicilina y sacos de arena caliente sobre las piernas, sin conseguirse mejoría, hasta que un médico sospechó que podía derivar de un problema de amígdalas. Lo sometieron a una intervención quirúrgica y el problema quedó resuelto. Estudió hasta los nueve años en la Escuela de María Auxiliadora. Después estuvo interno en un colegio de El Palo, en Málaga, hasta el Preuniversitario. Estudió Empresariales. No había terminado aún cuando su padre fallece en enero de 1971. Diego, que había estudiado Derecho, se hace cargo de la empresa. Cuando Cristóbal termina sus estudios trabaja durante tres años en el Banco Zaragozano, hasta que en 1980 pide una excedencia y comienza su gestión en el Hotel San Cristóbal donde, como gerente, pronto se convierte en cabeza visible y así permanece durante cuarenta y dos años.

Forma familia y tiene tres hijos que estudian Turismo, ICADE y Económicas. Junto con los sobrinos forman esa tercera generación que gestionará de ahora en adelante, continuando Cristóbal como presidente del Consejo de Administración. Cualquier decisión que se adopta se hace por unanimidad del consejo de familia, siguiendo el protocolo familiar. Considera que el CIT lleva a cabo una excelente tarea que beneficia a empresarios, profesionales y a la ciudad de Marbella. Asignaturas pendientes para que Marbella mantenga la excelencia son, en su opinión, la regeneración de las playas y la habilitación de aparcamientos, única forma de revitalizar el Casco Antiguo.

Advierte de que la calidad del turismo que visita la ciudad ha descendido en las últimas décadas, pero que la estacionalidad ha mejorado sensiblemente, de forma que ahora los inviernos no terminan con los beneficios del verano, como sí sucedía antes. Afirma que necesariamente el premio que el CIT le concede lo debe compartir con sus hermanas, tan empresarias como él. En su nueva etapa quiere dedicarse a caminar, jugar al golf y leer el Quijote, tarea que comenzó con dieciocho años y aún está en el empeño. Hace un llamamiento para que la escalera mecánica, verdadero símbolo del Hotel San Cristóbal y testimonio de una temprana Marbella turística, tratada desde una perspectiva artística, sea exhibida en algún lugar público. Está convencido de que empresarios y Ayuntamiento deben ir de la mano para acrecentar y proteger los intereses de Marbella, una ciudad única, algo que él ha podido contrastar, siendo como es un viajero que ha transitado por las sendas de medio mundo. Con setenta y dos años de edad, Cristóbal Parra comienza una nueva etapa, que deseamos prolongada y feliz y que se inicia con un justo reconocimiento a sus logros empresariales.

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