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Marc Llorente

Ver, oír y gritar

Marc Llorente

Ilustre manifestación del 21E

Como las hipérboles de ciertas personas no tienen límites, esta semana toca el acto folclórico de una manifestación contra el Ejecutivo de coalición encabezado por Pedro Sánchez. Pueden hacerlo, pero la cultura democrática de algunos es nula. Se apoyan en la democracia para lanzar lodo y fabricar un clima favorable a sus intereses particulares. La campaña no decae nunca, y hay adeptos a la causa y otros a los que pretenden cazar con el lazo de sus estrategias políticas, que todo les vale con tal de obtener votos.

La tamborrada ultra tendrá lugar el próximo día 21 ante la madridista diosa Cibeles, desde donde echarán jarrones de agua, al presidente y a sus secuaces, las ilustres asociaciones de Rosa Díez y Fernando Savater, Cayetana Álvarez de Toledo, Jaime Mayor Oreja, Juan Carlos Girauta y Marcos de Quinto, entre otras grandes personalidades que conocen muy bien las cosas que nos convienen. ¡Menuda colección de figuras! El valor positivo lo representan ellos. Y el negativo lo conforman los diabólicos seres que defienden un modelo económico que revaloriza la protección social, los salarios y las pensiones. Gestionar cualquier crisis de esta vil manera no merece el respaldo de la mayoría, sino un castigo. Esta conducta es inadmisible.

La diosa de la plaza es un símbolo de fertilidad de la tierra y de personificación de la naturaleza, valores que, al parecer, representan quienes dan la espalda a la gente trabajadora y se oponen a todo aquello que intente paliar el cambio climático, ya que lo primero son los intereses económicos y políticos de unos cuantos. No importa si se extinguen o no un millón de especies de animales y plantas que están en riesgo, o que la situación afecte al resto del mundo vivo. Que se vayan al diablo las energías limpias y los nuevos modelos de producción que pueden crear muchos puestos de trabajo.

Las derechas nuestras de cada día, dánoslas hoy, mas líbranos del mal y de que la puesta en escena de la protesta imponga que la derecha extrema se ubique detrás de la misma pancarta de la extrema derecha. El manifiesto llama a la movilización. «El secesionismo, el populismo totalitario y los herederos del frente político de ETA» tutelan al Gobierno. Y el 21E, con notoria obscenidad, clama «por España, la democracia y la Constitución». ¡Gracias, benévolos redentores! Cataluña va mejor visiblemente, y el bloque de la investidura de Sánchez se mueve dentro del marco constitucional con sus demandas, al margen de los anhelos independentistas de ERC.

Sin embargo, los que presumen de constitucionalismo son los que pisotean los derechos más fundamentales y a los que les parece fatal todo lo que favorece a la gente de a pie. Porque ejercen el papel de paladines de las capas más pudientes con sus rebajas fiscales. Unos se benefician. Otros pagan el pato con menos ingresos y recorte de servicios. Así funciona el milagro de la otra diosa, Díaz Ayuso, con su comitiva. Esto es engordar con el esfuerzo del vecino y debilitarle a este más. En suma, adelgazar la democracia.

Núñez Feijóo el Previsible se suelta un poco más el pelo y asume plenamente los disparates de la lideresa espiritual de Génova. Hay «un plan premeditado» por el Gobierno «para alterar sustancialmente las bases de la convivencia democrática». ¿En qué contribuye él a esa convivencia? Es decir, la crispación, bien, gracias. Sus recetas se basan en el anquilosamiento y en el regreso al pasado, subidos a bordo del DeLorean popular. Lo demás es una infame e ilegítima revancha de las tesis progresistas. O sea, «todo aquello que fue democráticamente derrotado en la Transición». Dice este señor que el Ejecutivo no «controla realmente la agenda política y legislativa», pese al intento constante de alimentar una democracia sin exclusiones y de mejorar las condiciones de vida de la población. ¿Eso es hurtar? La sandez y la hipocresía las domina muy bien.

Por cierto, vuelve Borja Sémper al «centro político» del que se largó en 2020 porque, según dijo, «si el populismo reaccionario (refiriéndose a Vox) nos arrastra a los demás, yo no pinto nada en política». ¿Hoy sí? ¿Han cambiado en algo la actitud y las ideas de su elitista partido? La «moderación» que el nuevo portavoz de campaña quiera aportar al PP, por encargo del fariseo Feijóo, se verá enfangada irremisiblemente. Ellos son los buenos españoles. Los que deben gobernar siempre. El resto, unos indignos e intrusos.

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