Miembro de pleno derecho de la mejor generación de baloncestistas españoles de la historia, Carlos Cabezas (Marbella, 1980), Premio Deporte 2021 de La Opinión de Málaga, ha sido, junto a Pau Gasol y Felipe Reyes, el último en colgar las botas tras más de veinte años de carrera profesional. Su último partido lo disputó con el equipo de su vida, Unicaja de Málaga, ante el Real Madrid el pasado 3 de septiembre en el Torneo Costa del Sol.

Este reconocimiento le será entregado este martes en una gala que se celebrará en el auditorio Edgar Neville, organizada por La Opinión de Málaga con el patrocinio de la Junta de Andalucía, Unicaja Banco, Málaga de Moda, Diputación de Málaga, Acosol, Cerveza Victoria y Telefónica.

«Cuando entrenaba con mi padre en Marbella no se me pasaba por la cabeza que pudiese llegar tan alto y disfrutar tanto. En aquel momento sólo quería disfrutar del baloncesto y he tenido la suerte de hacer lo que me gusta todos estos años», dijo el base malagueño en la rueda de prensa en la que anunció su retirada de las canchas.

Tras más de dos décadas de actividad, Cabezas ha conseguido prácticamente todos los títulos que un jugador profesional puede anhelar. La lista es larguísima: campeón del Mundo y de Europa en las categorías absoluta y júnior con la selección española de baloncesto con la que jugó un total de 78 partidos. A nivel de clubes, ganó con Unicaja la extinta Copa Korac, la Copa del Rey y la Liga ACB en 2001, 2005 y 2006 respectivamente, disputando también la Final Four de la Euroliga con el equipo cajista en 2007 obteniendo la tercera posición. En ACB alcanzó la cifra de 531 partidos y durante alguna temporada estuvo probando en los clinics de franquicias de la NBA como Orlando, Memphis o Nueva Jersey.

Tras pasar prácticamente una década jugando en el Unicaja (2000-2009), Cabezas firmó por el Khimki ruso para volver a a la ACB al año siguiente de la mano de CAI Zaragoza. Caja Laboral, Fuenlabrada por dos veces, UCAM Murcia y Betis en nuestro país, y Orleans, Guaros de Lara de Venezuela, Regatas Corrientes, Alba Ferervar, y Nacional de Montevideo en el extranjero han sido los equipos que han disfrutado del arte baloncestístico de Carlos Cabezas.

La camiseta con el dorsal 10 que lució el base marbellí luce colgada en el techo del Martín Carpena desde el 24 de octubre como agradecimiento a un jugador que siempre se identificó al máximo con la afición que le vio crecer, con unos colores y con su equipo de siempre, Unicaja de Málaga.

Cabezas afirma que a pesar de dejar de jugar nunca pondrá punto y final con el baloncesto. «Es la pasión de mi vida. Lo que sí haré ahora tras una larga carrera es un break, un descanso del baloncesto para centrarme en otros asuntos» .

Si hay algo que tiene claro el exjugador malagueño es que, de momento, no le pica el gusanillo de los banquillos: «Tras tomarme un descanso, después será hora de pensar en dónde se ve Carlos Cabezas; si como agente deportivo, si como embajador, ya sea deportivo o no. Veremos qué ocurre, pero lo que tengo claro es que por mi cabeza no pasa ser entrenador. Ser entrenador conlleva una presión y una dedicación a la cuál a día de hoy no me veo preparado», concluye.