La tarde del Domingo de Ramos continúa con la salida de una de las tres trinitarias. Los feligreses se han congregado en torno a la Rampa de la Aurora para recibir con mucha expectación las túnicas blancas y moradas de los hermanos de la cofradía trinitaria de la Salud. 

Interpretar una saeta se trata de romperse, de dejar que el aire suba y baje por las cuerdas vocales de una forma tan única que se asemeja a la sensación de tener frío, cuando todo el cuerpo se eriza. Mayor es la sensación cuando se canta a pelo.

En esta tarde en la que el sol aun picaba, la malagueña Belén Ballesteros ha sido la encargada de entonar los acordes de una melodía ante la imagen del Santísimo Cristo de la Esperanza en su Gran Amor. En aquel momento, la luz natural se enfrentaba con la llama de algunas velas que los nazarenos empezaban a encender con cuidado, casi tanto cuidado y esmero como el que ha tenido la cantante para prepararse. 

-"Estaba escuchándome el tono aquí, estoy nerviosa", comentaba mientras abrazaba por detrás a su hijo pequeño. 

En la rampa de la Aurora, la expectación de los feligreses ha sido cuanto menos llamativa, desde el momento en el que la cruz guía de la hermandad ha echado a andar. Más aun cuando la saetera se ha posicionado, vestida completamente de negro y con los labios teñidos de rojo frente a los hombres de trono. La hija de Morenito de Córdoba, cantaor y patriarca de toda una familia de artistas, ha conseguido silenciar el bullicio, incluso el de la terraza de la Peña Trinitaria, donde, ya pasadas las cinco de la tarde, todavía se podían oler las croquetas y saborear los vasos anchos de agua con misterio. Incluso los monaguillos y los nazarenos que les antecedían no han podido evitar girar sus rostros. 

Este silencio ha sido equiparable al que se ha logrado cuando en la plaza de la parroquia de San Pablo, los portadores, de rodillas, han rezado por las víctimas de la pandemia y el conflicto de Ucrania.  

Las cornetas de la banda de música de los Gitanos se seguían escuchando, ya en su transcurso por el Puente de la Aurora, y aun se percibía el brillo de los hilos de oro de los bordados del manto de la Virgen de la Salud, cuando la rampa se ha convertido en toda una pasarela de moda de contrastes. Han empezado los combates de deportivas frente a mocasines, americanas contra sudaderas. El único requisito del Domingo de Ramos era estrenar algo, ¿no?

De recogida

El regreso de la cofradía de la Salud deparó momentos para recordar. El cortejo seguía bien formado cuando pasaba por la calle Granada en dirección a la plaza de la Constitución. Todavía les faltaba un buen trecho de regreso y el cansancio se dejaba ver, pero la procesión no se descomponía y eso que la bulla era importante en algunos puntos. El Cristo de la Esperanza en su Gran Amor era llevado con suavidad. La curva desde la plaza de Spínola a la calle Granada ya no es lo que era con el recorrido antiguo, pero sigue siendo un punto reseñable en los recorridos.

La Agrupación Musical de la Vera+Cruz de Campillos inició la marcha 'Padre y Nazareno'. El trono empezó a avanzar a paso lento. El brillo del dorado resplandecía con las luces de la calle y le daba un tono especial al Crucificado. El público era numeroso y pudo ver cómo se daba una curva precisa para entrar en el último tramo de la calle Granada.

Mientras, las filas de nazarenos iban trazando el camino que iba a seguir la Virgen de la Salud en un abarrotado Centro. El trono esperaba paciente en la salida de la calle Echegaray, rodeado de cientos de personas. El cortejo avanzaba y dejaba hueco. Esa curva de entrada a la calle Granada necesita de una maniobra compleja y se iba a hacer un tirón largo. La Banda de La Paz empezó los primeros acordes de 'Y en Triana, la O'. El palio cimbreó con suavidad y el trono avanzó hasta la esquina. El público pidió silencio mientras las órdenes de los capataces iban marcado el paso. "Paso al frente", "paso a la izquierda". El trono avanzaba mientras la curva se iba trazando, poco a poco. Con el palio rozando la esquina, sin llegar a tocarla. La curva quedó atrás, los capataces superaron un obstáculo más para llevar a la Virgen de la Salud a su barrio de la Trinidad. El público aplaudió y el trono apuró la marcha manteniendo el paso.