No hubo milagro. Y eso que el Unicaja lo intentó de todas las formas y maneras posibles ante el intratable Barça de Saras Jasikevicius. El equipo de Fotis Katsikaris supo sufrir, ir a remolque y plantarse en el último minuto con opciones reales de victoria. Los verdes nunca se rindieron, pero este Barça es mucho Barça. Para ganarle hay que rozar la perfección y el Unicaja no está todavía para esos trotes. Jugó una gran segunda parte, pero le lastró su falta de acierto en los primeros 20 minutos (73-75). Aun así, honores esta vez para el equipo... a pesar de la derrota. Este es el camino.

La verdad es que era un reto casi imposible. Este nuevo proyecto del Unicaja 21/22 está todavía por hacer. Para jugar y ganar partidos en la BCL le da al equipo de sobra porque ahí no se va a encontrar a ningún rival medianamente serio hasta dentro de varios meses, pero en la Liga Endesa sufre bastante cada fin de semana. Le pasó el otro día en Manresa y esta vez el esfuerzo sobrehumano tampoco le valió frente al Barça. Veremos ahora en el Principado de Andorra y en Vitoria, próximas dos salidas consecutivas ligueras sin paso intermedio por Málaga.

No hay que alarmarse, pero el 3-4 en la clasificación empieza a pesar. Estar en la Copa del Rey 2022 exigirá 9 ó 10 victorias en esta primera vuelta liguera. Quedan 10 jornadas y el Unicaja solo tiene 3. Muy pocas. Es verdad que las matemáticas todavía dicen que sí, pero cada semana la obligación va a ser mayor. Hay margen de maniobra, pero... ¡¡cuidado!!

Al equipo esta vez no se le pueden poner muchos peros. Solo competirle a este trasatlántico que ha montado el Barça ya tiene mérito. Hay varios equipos en la Euroliga que no le aguantan ni 10 minutos. El Unicaja fue siempre a remolque, es verdad, pero sin bajar los brazos y creyendo siempre en el ¿y por qué no? El Barça dominó, pero quiso ganar el partido antes de tiempo y al final le tocó sufrir mucho más de lo que cualquier culé habría pensado al final del tercer cuarto (49-58).

El Barça marcó el territorio desde el salto inicial. Un 2-1, tras tiro libre de Mirotic y canasta verde de Abromaitis, fue la única ventaja en el marcador para los de Katsikaris en todo el partido. El equipo culé dominó con autoridad, se fue 2-10 en un abrir y cerrar de ojos y mantuvo su cómoda renta durante los 10 primeros minutos, que echaron el cierre con un 11-23, con Higgins ejerciendo de estilete con sus 9 puntos en ese primer cuarto.

El Unicaja apretó en defensa y al Barça le costó más anotar en el inicio del segundo acto, pero los verdes no aprovecharon para restar puntos en su desventaja, 19-29. Con demasiados errores en el tiro y demasiadas pérdidas, el equipo casi no pudo correr y el Barça, que metió las manos en todas las defensas, llevó siempre el ritmo del partido que quiso. No necesitó estar especialmente acertado en ese tramo, le valió con su trabajo atrás para llevar el partido al intermedio con 23-35.

Volvió el Unicaja con brío del intermedio. Jasikevicius paró el partido con 31-40 y un Carpena encendido ante el mínimo atisbo de una posible remontada. Dos libres de Eric, muy activo todo el partido, pusieron el -6, 36-42. Pero fue un quiero y no puedo. A cada canasta verde respondió el Barça con otra. Dos triples de Kuric hicieron especial daño a un Unicaja que alcanzó el minuto 30 con 49-58.

El último cuarto fue muy emocionante. Esta vez con mucho protagonismo también de los árbitros, que quisieron salir en la foto y dieron un concierto de pito bastante evitable. El Unicaja fue remando y se volvió a poner a 7 a 2.30 del final (65-72). Después a 4, a 1.32 (68-72) y después a 2, 70-72, con 62 segundos por jugarse. Al Barça le entró miedo a perder y los verdes tuvieron un par de ataques para mandar el partido a la prórroga. Pero como quedó claro casi desde el salto inicial: lo que no puede ser, no puede ser... y además es imposible.

Mención especial, desde luego a la afición del Martín Carpena. No se llenó ni mucho menos el Palacio. Sólo hubo 6.082 espectadores en las gradas, muy pocos para lo que el partido "pedía", pero los que estuvieron animaron como si les fuera la vida en cada ataque y en cada defensa. Se lo pasaron pipa con la actitud de sus jugadores y dudo yo que no vuelvan la próxima vez. El equipo perdió, pero la "Marea Verde" demostró en la grada, con su aliento, con su ánimo y con su entrega absoluta que todo es más fácil cuando ellos están apoyando al equipo.

Toca resetear y empezar a pensar ya en el MoraBanc. Andorra, el próximo sábado, próxima estación. Tampoco será una tarde fácil. Seguro.