Campaña de primarias. El PSOE andaluz y el malagueño viven ya desde hace mucho en una turbulencia electoral interna que no para de alcanzar altura. Mítines, pronunciamientos, traiciones, idas y venidas, cónclaves, comidas y grupo de whatsapp. Eslóganes. Batalla en las redes.

Pero lo cierto es que la fase procedimental actual es de la recogida de avales. Hay presiones y enseñar cada cual el suyo es moda tuitera. Facebuquera para los más veteranos. Pero hay una diferencia esta vez: el máximo que se puede presentar es un 4%. No hay por tanto la batalla de cuando hacían falta muchos más ni necesidad de abrumar, como solía hacer en estas lizas el candidato más oficialista o teóricamente mayoritario. Los cuatro en competición tienen asegurado el número de avales. Pero ojo, segunda diferencia: si nadie alcanzara el cincuenta por ciento de los votos, caso más que probable, habría una segunda vuelta. Un segundo round, presumiblemente entre Juan Espadas y Susana Díaz.

Centrándonos en el ahora mismo, señalemos que la precampaña o campaña ya continúa mañana lunes con la visita de Susana Díaz a la Axarquía. Moreno Ferrer, alcalde de Vélez, es ya espadista con pedigrí (dos actos con el alcalde de Sevilla) pero en esa comarca hay quien aún se acuerda como munícipe de las agarradas con Juan Espadas cuando era consejero de Vivienda. La militancia de la Axarquía es peculiar por imprevisible y trabajándosela estuvo Espadas esta semana en una almuerzo en La Viñuela (Mesón Las Viñas). El campanazo fue que asistiera Miguel Ángel Heredia, senador, exdiputado y exsecretario provincial, ahora en las filas del espadismo, lo que le ha valido la enemistad de Paco Conejo, con el que no se hablaba ya desde hacía muchos meses. Conejo puso un confuso tuit que hubo de explicar luego mucho por lo bajini, con lo fácil que sería declarar públicamente lo que quería decir y piensa: que él sigue leal a Susana Díaz «no como el traidor ese». No menos comentada fue la presencia de José Luis Ruiz Espejo, secretario provincial, susanista, hombre que alberga un lacerante sentimiento de haber sido traicionado, lo ha sido, y que no quiso proclamar que su presencia significara inclinación nueva, más bien cortesía y obligación como secretario general. También se vio esa jornada como espadista, en un acto en Álora, a Paulino Plata, incombustible, desafecto a Díaz y formando parte del club de exconsejeros desafectos al susanismo, del que también forman parte Luciano Alonso y Miguel Ángel Vázquez, que en su calidad de periodista está asesorando la campaña de Espadas. Una campaña que recuerda a la de Susana Díaz de 2017. Díaz por su parte está haciendo la que hizo Sánchez en ese 2017. Díaz va de candidata de las bases. Reclamando limpieza en el proceso, diciendo que no es la favorita de Madrid, deslizando el argumento de que Sánchez va declinando.

Ahora mismo, de los notorios de la provincia prácticamente solo hay dos que no se hayan inclinado: Los alcaldes de Benalmádena y Mijas, Víctor Navas y José González. No quiere decir que no tengan sus preferencias, claro. Parecen más discretos. En Málaga capital, echando mano de la moderación adjetival hay que decir que el partido está que arde. O incendiado, que es lo mismo. Unos secretarios de agrupación están con Espadas y otros con Susana Díaz, pero a esa división, como en la de Carretera de Cádiz, hay que sumarle una nueva facción tercera vía. Son sanchistas que no quieren a determinados compañeros de viaje y van a votar a Susana. Emblema de esto es el histórico y veterano Luis Reina. No hay que perder de vista tampoco qué hará el exportavoz municipal Rafael Fuentes, sanchista acreditado. Ninguna figura ya hoy en día genera en la capital consenso para ningún cometido.

La batalla no va a cesar porque en nada viene la pugna por la secretaría provincial. El chiste que corre en las agrupaciones es que para optar a ese cargo unos están avalados y otros «Abalados».