Este domingo será un día de trajín en todas las sedes socialistas que salpican la geografía malagueña. Las primarias del PSOE andaluz han invitado a su cita con las urnas internas a 6.300 militantes malagueños. Si se atiende a dato, esta provincia aglutina casi el 15% de los más de 46.000 socialistas de la región que están llamados a elegir hoy entre las tres opciones en liza al candidato del partido a la presidencia de la Junta de Andalucía. O sea, entre la actual secretaria general y expresidenta del Ejecutivo autonómico, Susana Díaz; el alcalde de Sevilla y aspirante ‘bendecido’ por el aparato de Ferraz Juan Espadas; y el profesor de Economía de la Universidad de Sevilla que abandera sin apoyo orgánico el ‘sanchismo’ de las bases, Luis Ángel Hierro.

En toda la provincia malagueña habrá 80 centros abiertos en los que se podrán votar durante esta jornada en el horario fijado por cada agrupación. Estos puntos se han habilitado para que ejerzan su derecho al voto los afiliados directos del PSOE y los miembros de las Juventudes Socialistas de Andalucía (JSA) que suman ese censo de unos 6.300 socialistas malagueños.

Eso sí, en las poblaciones en las que no hay centro de votación «es porque la agrupación tiene menos de 10 militantes y esos militantes votan en otro centro cercano», según informaron fuentes oficiales del PSOE de Málaga. Por ejemplo, los militantes de Totalán votarán en Rincón de la Victoria.

A día de hoy, en este domingo en el que también habrá ‘foto de Colón’ y congreso nacional de Podemos, la única certeza es que al fragmentado PSOE andaluz le ha llegado su hora de la verdad. Puede, incluso, que tenga que volverse a votar una semana después si ninguno de los tres aspirantes logra hoy el 50% o más de los votos emitidos. La posibilidad de la segunda vuelta ya ‘a dos’ existe y hasta dirigentes del partido admiten que es lo más probable con tres candidatos en liza.

Atrás queda una campaña previa bastante larga -y a veces monótona- en la que el gran tabú fue el apoyo del Gobierno de Pedro Sánchez al indulto de los presos del ‘procés’ catalán.

Buena parte del enfrentamiento vino motivado por la autonomía que Susana Díaz reclamó para el PSOE de Andalucía en un claro aviso a Pedro Sánchez. Su deseo de que Ferraz no la maneje «con un mando a distancia como si fuese una sucursal» no le sentó nada bien a Juan Espadas, quien le ha recordado por activa y por pasiva que el problema no es el mando sino que «no se conecta con la audiencia». El regidor hispalense defiende que solo su candidatura podría darle la vuelta a las encuestas que reeditan el Gobierno con la ultraderecha.

Espadas se atribuye el cambio necesario y la renovación suficiente que derrote al continuismo y pase página con la gestión de Susana Díaz para que el PSOE pueda volver al Gobierno andaluz.

Al margen de este ‘cuerpo a cuerpo’ entre ambos, Luis Ángel Hierro ha jugado a diferenciarse y, en contra de lo esperado, se ha dedicado a desacreditar con bastante frecuencia a Espadas. Por instantes, ha dado la sensación que su presencia beneficiaba a los oficialistas porque dividía el voto crítico y ponía en entredicho al contrincante con el que en teoría le une la discrepancia con el ‘susanismo’ establecido. Una iniciativa de Hierro y otros militantes -la plataforma Andalucía Socialista situada «más a la izquierda»- ha derivado en una ‘tercera vía’ para las primarias que surge del descontento por el hecho de que el aparato nacional de Ferraz haya apadrinado la opción de alguien que no apoyó a Pedro Sánchez en su enfrentamiento en 2017 contra Susana Díaz, como es el caso de Juan Espadas. Es más, sus afines ven a Espadas «más al centro y con un perfil similar al del presidente de la Junta, Juanma Moreno».

Hubo también un ‘momentazo’ en la campaña cuando, en el ecuador de la semana pasada, a Susana Díaz se le ocurrió abrir el melón de las acusaciones de machismo y aseguró que a ella querían relevarla en su partido porque «es mujer».

El feminismo pasó de los mensajes en inglés de sus camisetas a su oratoria y, durante un par de días, la trianera mantuvo esta polémica abierta y hasta la proclamó en televisiones nacionales. Luego, lo ha reconducido porque quizás era consciente del momento en el que lanzaba un ataque del que se regodeó hasta Vox. Llega a decirlo a pocos días del 13 de junio y su efecto bumerán podría haberse convertido en letal. Podría haber empañado, sobremanera, una campaña en la que Díaz ha mostrado una gran fortaleza -como en 2015- y ha derrochado omnipresencia para llegar con las opciones de victoria que otros le habían arrebatado antes de tiempo.