El día después, bajo esos espontáneos ataques de sinceridad que provoca una mañana de resaca, todo el mundo seguía hablando de lo mismo tanto en los aledaños como en el interior del Ayuntamiento de Torremolinos. La moción de censura con la que el PP quiere arrebatarle la alcaldía al PSOE parecía un ingrediente más de la habitual tostada en los desayunos que servía una cafetería cercana. Desde una de sus mesas, una señora llevaba la voz cantante de la improvisada tertulia y proclamaba que «este alcalde lo ha hecho peor que el otro y el otro peor que este». «Todos los políticos son iguales y siempre hacen lo mismo», concluía para dar por hecho que Margarita del Cid será la nueva alcaldesa tras un pleno como el del próximo día 20 de diciembre, que se presume agitado y -prácticamente- bélico. De repente, la Navidad huele a mudanza en las dependencias municipales.

En la calle, el taxista que aguardaba la llegada de clientes no daba nada por seguro: «De aquí a un par de semanas pueden cambiar mucho las cosas otra vez, ya veremos qué pasa al final; tanta inestabilidad no es buena para Torremolinos».

En la holgada acera de enfrente, el panorama era similar al que había una mañana antes cuando Margarita del Cid todavía no había salido al exterior, para explicarles a los medios de comunicación que ya había registrado el documento para hacer realidad su viejo sueño de ser la alcaldesa de su pueblo con mar. De hecho, los operarios municipales seguían otro día más decorando la fachada del Consistorio para que luzca hermosa durante fechas tan señaladas como las que se avecinan.

El ‘monotema’ afloraba igualmente omnipresente cuando se pasaba el control de seguridad que da acceso a la Casona torremolinense. Un hombre que se encaminaba al trance del papeleo le hablaba de lo mismo a la persona a la que se dirigía a través de su teléfono móvil: «No veas la jugada que ha hecho el Partido Popular».

Todo, hasta cualquier detalle ajeno, recordaba al detonante de la calma tensa que se respiraba allí. En vecindad con el área de Alcaldía, el vinilo de una exposición sobre el paso por Torremolinos de Brigitte Bardot explica que, mientras rodaba una película en la Costa del Sol, ella vivía en una casita junto a una playa desierta, «en un lugar que no disponía de ningún confort pero que era un paraíso salvaje». La descripción de la actriz francesa parecía ilustrar el privilegiado escenario en permanente ebullición que pasó a ser este Ayuntamiento a los ojos de sus actores principales desde que, tras las elecciones municipales de mayo de 2019, el socialista José Ortiz se apoyó en la que había sido la número 2 de la lista de Vox, Lucía Cuin, para conservar la vara de mando.

No era una mañana cualquiera pero, en el rutinario trasiego por los pasillos, tanto el alcalde como otros miembros de su equipo de gobierno municipal le ponían -por momentos- al mal tiempo buena cara.

Sobre todo, una concejala del PSOE, que derrochó optimismo cuando una mujer le hizo un comentario que sonaba a precipitada despedida: «Todavía no está todo hecho, nos quedan un par de cartuchos», decía la edil socialista con aparente convencimiento.

Paradójicamente, de esos rayos de esperanza no llegó a hablar el alcalde José Ortiz, que compareció ante la prensa al mediodía del viernes. A la hora del Ángelus. En la coqueta sala municipal de recepciones. Con una puntualidad casi inglesa, a las 12.05 horas tomó la palabra el regidor socialista rodeado por los concejales de su Gobierno municipal.

Pepe Ortiz no fue optimista. Tampoco excesivamente pesimista. Se mostró, ante todo, realista. Y no desveló el calibre de los cartuchos que se reserva para intentar abrazarse ‘in extremis’ al bastón municipal, como ya le sucedió al principio de la presente legislatura. Ni siquiera mencionó la munición de la que hablaba la concejala de su partido.

Rueda de prensa de José Ortiz, alcalde de Torremolinos L. O.

El alcalde enmarcó la moción de censura como si se tratase «de una foto en blanco y negro» y la comparó con un mal viaje «al pasado». A ese bumerán pretérito que siempre regresa en todas sus versiones y planos temporales en la política. Con el retorno del PP al Gobierno de la localidad costasoleña -que se producirá dentro de medio mes salvo ‘bombazo’ de última hora- no solo planea la etapa anterior a los seis años y medio en el poder del PSOE. Además, se habrán ajustado una serie de venganzas personales y cuentas pendientes que implican tanto a los firmantes de la moción de censura como a los hipotéticos gobernantes salientes.

Sin ir más lejos, José Ortiz señaló directamente a dos personas a las que conoce bien porque han formado parte de su equipo de colaboradores más estrechos en algún momento, desde que él ‘ascendió’ en el Ayuntamiento como alcalde en 2015. Se trata del concejal de Ciudadanos David Obadía, que fue uno de sus principales asesores en el primer mandato, y del ahora no adscrito Nicolás de Miguel, quien llegó a Torremolinos en vísperas de los comicios municipales -hace unos tres años- y ya ha sido un poco de todo: candidato de Cs a la alcaldía, concejal de Igualdad con el PSOE y, recientemente, el posible dirigente en la localidad de Más País, el partido de Íñigo Errejón.

Precisamente, a sus «ideas progresistas» se atribuye en el entorno de José Ortiz un sorprendente viraje que no esperaban. Recuerdan, incluso, que antes de ser el rostro LGTBi de Ciudadanos y candidato naranja a lehendakari en su País Vasco natal -amistad con Albert Rivera mediante- llegó a estar vinculado a Izquierda Unida. Se comenta, igualmente, que «con qué cara va a mirar a la gente cuando salga por La Nogalera, después de haber participado en un pacto en el que también está Vox». También dicen que hace relativamente poco estuvo a punto de convertirse en militante del mismísimo PSOE.