Dice Alessandra García que si se pudiera comer Mujer en cinta de correr sobre fondo negro, uno de los estrenos locales del XXXVIII Festival de Teatro de Málaga, «sabría a Málaga». ¿Y a qué sabe Málaga?, le preguntamos. «A muchas cosas: a barrio, a pitufo, a merdellona, al Limonar pero, sobre todo, tiene un gustillo de vanguardia con folclore», nos responde. La actriz, autora, directora, performer y gestora cultural boquerona pretende hacer en esta propuesta «un ejercicio de escucha profunda de los barrios» por donde transita pero también un autorretrato, reflexionando sobre los estragos del capitalismo, la importancia de la identidad y del pensamiento crítico. La cita, en el Teatro Echegaray el 15 y el 16 de enero (19.00 horas; 15 euros, precio único de la entrada).

Se suele asociar lo contemporáneo y lo vanguardista con el museo, la alta cultura. García, en cambio, reivindica mucho lo de ser de barrio. ¿Lo rupturista y la calle dialogan con fluidez? Ella lo tiene claro: «Yo pienso que sí, nace de ahí. En la plaza, en el bar, en el mercado. Es precioso ver al joven que es queer, que hace voguing, es vegano y amante del trash desayunando con su abuela y sus amigas». En realidad, Mujer en cinta de correr sobre fondo negro es la alianza de supuestos opuestos que Alessandra prefiere llamar «pares»: «Risa y pensamiento, marca y miseria, Adidas y Asidas, verde y naranja, una familia numerosa y dos bolleras, un genio y un copión, Rufián y Ana Pastor; querer ser y ser».

La gente suele reír cuando deja de pensar y piensa cuando deja de reír. Pero la malagueña busca la coexistencia de ambas acciones en Mujer en cinta de correr sobre fondo negro porque, asegura, «el cortocircuito de las dos, lograr hacer reflexionar desde la risa, produce la carcajada y la reflexión más grandes.

También se persigue con la función «hacernos preguntas sobre el entretenimiento y la cultura». Con el parón tremendo motivado por el coronavirus (de hecho, la pandemia provocó el aplazamiento del estreno de esta obra, previsto para hace unos meses) habrá tenido tiempo más que de sobra para hacerte preguntas sobre todo ello. ¿Ha llegado a alguna conclusión? «Es una pregunta para toda la vida. Lo que sí pienso es que no se debe sustituir el entretenimiento por la cultura. El entretenimiento te distrae, y en este año ha sido súper importante tenerlo cerca, pero la cultura es pensamiento te hace reflexionar y eso no podemos perderlo porque está dentro de nuestro divagar por el mundo», apunta.

Las piezas de Alessandra García caminan cada vez más por los senderos de lo performático. Hace unos años ideó La perra que habito, una creación que llevó por parkings, calles y mercados en la que, literalmente, se convertía en un can para hablar de culpa y dignidad. Y es que dice sentirse más cerca del arte contemporáneo que del teatro. «Yo soy teatro igual que soy hija de mi madre y de mi padre pero el avance mental, espacial y conceptual que hay en el arte contemporáneo no lo tiene el teatro, al menos el que mayormente se apoya en esta ciudad, que aunque es maravilloso no me refleja. Estamos deseosas de consumir otro tipo de teatro, de ver en nuestro Cervantes cías internacionales como Angélica Liddell, Roger Bernat, Vértebro... Las artes vivas de esta ciudad necesitan de manera urgente que se las tenga en cuenta de verdad con respuestas económicas, infraestructuras públicas a nuestro servicio, y una programación que tenga en cuenta el presente teatral, los nuevos lenguajes, las nuevas formas de ahora 2021 y no solo las de los 80». Por eso, dice, ha nacido Vergel, una alianza de talentos que priorizan la investigación y la experimentación como Alberto Cortés, Violeta Niebla, Rebeca Carrera, Ramón Gázquez (responsable de la dramaturgia de Mujer en cinta de correr sobre fondo negro), Luz Prado, María del Mar Suárez La Chachi, Cristian Alcaraz y Ximena Carnevale. Los consumidores de cultura local más atentos y avezados los conocen y saben de lo que son capaces por separado. Pues ahora habrá que prepararse para ver hasta dónde llegan juntos.