Uno de los cineastas más perturbadores del cine español, Agustí Villaronga, presentó ayer en la Sección Oficial El ventre del mar, una versión cinematográfica de un texto literario de Alessandro Baricco que Villaronga había adaptado como monólogo entre dos personas para teatro peor que terminó convertida en película después de que los proyectos escénicos se vinieran abajo con la irrupción de la pandemia. pero llegó la pandemia y los proyectos se vinieron abajo.

El ventre del mar se inspira en un hecho real: tras el naufragio de un buque, 147 hombres intentaron salvarse, confinados en una balsa a la deriva en medio del mar, pero solo dos lo consiguieron. La peripecia fue inmortalizada por Théodore Géricault en el famoso lienzo La balsa de la Medusa y después por Baricco en su relato Oceano mare. Villaronga plantea una obra heredera de la literatura y del teatro, juega con los tres sistemas de narración y alternando el blanco y negro y el color.

Rodar una historia como ésta en plena pandemia y hacerla de una manera tan singular es un ejercicio de valentía ¿Cómo surgió esa forma de relatar esta historia?

De las limitaciones hicimos virtud. A la hora de escribir el guión teníamos algo de miedo porque planteamos sistemas de narración poco convencionales, cambiando de lugar y de manera de contar la historia en todo momento, empleando flashbacks, flashforwards, añadiendo y quitando momentos teatrales... Pero ésta era la forma en que quería contar El ventre del mar, y lo único que me importa es que le llegue al corazón al espectador, más que a ningún otro sitio.

¿El mar en esta película puede verse como un reflejo de la sociedad?

O como la parte espiritual de las personas, donde puedes hablar de Dios, de la naturaleza, de todo lo que te haga reflexionar. Yo creo que el mar en El vientre del mar es un espejo donde te puedes reflejar, capaz de mostrar tu parte más espiritual; un lugar privado y alejado de todo, como el útero. En la película se dice: «El mar lo era todo».

Los personajes lo son todo en la película. No solo porque nos cuentan la historia y la vivamos a través de su piel, también porque acabamos metiéndonos en sus pensamientos gracias a una acertada puesta en escena que muestra en todo momento lo que piensan y sienten.

La película trata sobre el enfrentamiento entre dos personas, que recuerdan, sienten y expresan los mismos hechos de manera diferente. Uno está al mando y que debe imponer disciplina para salvar el mayor número de vidas; el otro solo piensa desde la parte más emocional, está más cerca de los muertos que caen y del sufrimiento que de la supervivencia. Los propios actores se resisten a ver a sus personajes como buenos y malos y lo entiendo. Al final, ambos son supervivientes, heridos de por vida tras lo sucedido. La verdad se encuentra en la situaciones más extremas y ahí es donde ellos han estado, en la verdad.

El Festival de Málaga se caracteriza por su acercamiento a un cine más comercial y al mundo de las óperas prima pero también plantea escenarios como el que nos proporciona un cineasta de su envergadura.

Eso me gusta mucho. Málaga es un festival popular con vocación de cine comercial, por decirlo de alguna manera, pero presenta la capacidad de aportar en parrilla películas como Destello bravío o la nuestra, más experimentales. Y nosotros agradecemos la difusión que se nos ofrece, porque Málaga da una visibilidad que no tienen otros festivales. Pienso que se puede convertir en un festival de lengua española muy importante con su propuesta de albergar un tipo de cine diferente sin dejar de prestar atención al resto.

En realidad, usted dice que, de alguna forma, El ventre del mar es una ópera prima.

Sí, porque la manera de hacerla ha sido muy libre. La película y las circunstancias que la rodeaban solo nos dejaban hacer la película de una forma y era a través de la ilusión, como la de un debutante.

¿Le molesta que siempre le hayan considerado un poeta de la crueldad?

No, pero no creo que la palabra sea cruel. Quizás al principio sí quería acercarme a lo que quería con una mirada oscura, pero incluso en esos casos no dejaba nunca de hablar del valor de lo humano y de nuestra esencia, de lo que estamos hechos. Yo intento transcender hacia lo poético, evitando la denuncia, porque eso ya lo hace otro cine; explorando la herida del ser humano y reflexionar sobre ella.