Carlos Pereiro, natural de Monterroso (Lugo) y líder de la banda Novedades Carminha, responde con la misma naturalidad y cercanía con la que lo haría un amigo. Igual que canta. Lo demostrará la semana que viene, el jueves, dentro del Brisa Festival, en el Castillo de Gibralfaro. «Intentamos generar un retrato cachondo de lo que nos rodea y con ello la gente se acaba identificando», asegura el músico de una banda marcada por su «promiscuidad musical» .

Nos toca adaptarnos a estos tiempos marcados por la pandemia. ¿Cómo ha conseguido adaptarse usted a estos meses de parón?

Sin duda, agarrándome a la cultura. Me puse a escuchar esos discos de vinilo que tenía por casa desde hace años y reconecté con la música. La cultura ha sido como una vaselina que me ha permitido atravesar con suavidad esta movida.

¿Veremos un poco de «esta movida» reflejada en su música a partir de ahora?

Intentaremos que no. Para mí escribir es un momento en el que puedo evadirme y flipar, y no he querido que la realidad interfiriera en ese proceso. La gente quiere divertirse. Bastante sobresaturados están ya con la actualidad.

A la gente se la metieron en el bolsillo durante la pandemia con la campaña de Mucho Nivel, las cosas como son.

Aquello fue la hostia. Como no podíamos estar cerca de la gente queríamos hacer algo que nos acercase al público, y sacamos una remesa de 6.000 camisetas a precios populares que se agotaron en dos semanas.

¿Y de dónde les vino la idea de hacer precisamente camisetas?

Nosotros éramos muy fans de tener camisetas de los grupos que nos molaban de jóvenes. Y vimos que eso por desgracia se estaba perdiendo. Así que decidimos revivir un poco esa tradición perdida y la peña respondió inmejorablemente. Ahora voy por la calle y raro es que no me cruce a alguien con mi cara ahí estampada.

¿Por qué creen que atraen tanto a la gente?

Pienso que a la gente le gusta que hagamos cosas que nos creemos de verdad. Intentamos generar un retrato cachondo de lo que nos rodea, y con ello la gente se acaba identificando.

A pesar de lo variada que es su audiencia…

Tenemos la suerte de llegar a un público muy diverso, sí. Con nuestra música pretendemos reavivar el espíritu de la verbena: juntar a gente de diferentes edades y condiciones sociales, y que se lo pasen bien. Al fin y al cabo, la música va de eso.

De hecho, en los últimos años han abierto su espectro creativo y, con ello, también la puerta a un público nuevo.

Promiscuidad estilística como marca de la casa, tío [Risas]. Hemos conseguido que el público de la música urbana y el del rock compren lo que hacemos e intentaremos seguir en esa línea. Bebiendo de todos lados. Ahora en nuestros bolos puedes ver peña de 16 años y de 50. Y todavía hay margen de seguir llegando a mucha más gente.

Aún así siguen teniendo actitud punk.

Tenemos varios discos de punk, pero más allá del género en sí, es una forma de ver las cosas y funcionar ante la vida. Aunque ahora estemos trabajando con sonidos más pop, disco o incluso funk, el punk es nuestro sello de identidad.

Deducimos que hay novedades pronto..

Sí, sí, vienen curvas. Hasta ahora hemos querido guardarnos esa carta porque no le veíamos sentido a sacar algo nuevo si no lo podíais bailar, pero estamos viendo que poco a poco la cosa se está recuperando. Antes de verano lanzamos un single nuevo y activamos otra vez la maquinaria.

¿Seguirán con Ernie Producciones?

Sí, estamos a tope con el sello. Nosotros autoproducimos nuestros discos junto a ellos desde el principio. Lo único es que ahora hay posibilidades de empezar a lanzar los próximos singles a través de un sello americano que nos va a echar un cable para llegar a Latinoamérica y USA, y la idea es hacerlo en conjunto con Ernie.

¿Os están volviendo las ganas?

Completamente. Como artistas, después de pasar tanto tiempo en casa, habíamos perdido la noción de a lo que nos dedicábamos. Y ojo, que esto aún no ha acabado. El sector está muy tocado y costará mucho recuperar la dinámica que teníamos antes de la pandemia. Pero hay ilusión.