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La Opinión de Málaga

Entrevista José Pablo García Dibujante de cómics

«Como creador es divertido jugar con un psicópata corrupto»

El ilustrador malagueño acaba de presentar su adaptación de El hijo del chófer, el best seller de Jordi Amat sobre Alfons Quintà, un oscuro personaje de la Cataluña de la Transición - Quintà, primer director de TV3, se quitó la vida en 2016 tras asesinar a su mujer

El ilustrador malagueño José Pablo García. Paco Coca

El libro El hijo del chófer en el que Jordi Amat relata la vida del periodista y abogado Alfons Quintà, que en 2016 se quitó la vida tras asesinar a su mujer, es un best seller de culto que no deja de ganar lectores. El dibujante malagueño José Pablo García la ha reinterpretado en formato comiquero. García es todo un experto en estas lides: suyas son las adaptaciones al arte de la viñeta y el bocadillo de libros tan populares como Soldados de Salamina, de Javier Cercas, y La Guerra Civil española, de Paul Preston.

¿Qué es lo que más le llamó del personaje de Alfonso Quintà al conocer su historia, al leer El hijo del chófer?

Me resultó fascinante por su perfil psicológico, el de un psicópata que sólo actuaba movido por la venganza, pero además porque fue el periodista catalán más influyente de su generación y una pieza clave de varios momentos relevantes de la Transición, como el regreso del exilio de Tarradellas o la manifestación de apoyo a Pujol en 1984. Él representaba los peores vicios de la política de aquellos años. Ese sistema permitió que un monstruo como él ocupase un puesto de responsabilidad tras otro, hasta que dejó de ser útil a las élites políticas y empresariales. Fue nada menos que el primer delegado de Cataluña que tuvo el diario El País y el primer director de TV3.

¿Cómo se dibuja a un tipo peligroso, casi demoniaco como Quintà?

Era un genio del chantaje, el acoso y la manipulación. Como creador resulta muy divertido trabajar con un personaje así. Por su parecido físico y su corrupción moral, no pude dejar de pensar en el Torrente de Santiago Segura mientras lo dibujaba.

Su vida está llena de episodios abracadabrantes y raros, como cuando de adolescente intentó chantejar a Josep Pla. ¿Cuál es su episodio favorito?

Mis momentos preferidos están relacionados con sus pasadas de rosca como director en TV3 y en El Observador, dignas de Calígula. Allí dio rienda suelta a sus delirios de grandeza, derrochando todo lo que pudo y más, y humillaba y aterrorizaba a sus empleados con el beneplácito de su superior Lluís Prenafeta, mano derecha de Pujol. A pesar de lo terrible de estas escenas, resultan hilarantes por lo ridículo y grotesco del personaje. Trabajar con él tuvo que ser un verdadero infierno.

¿Qué le ha parecido a Jordi Amat la adaptación?

Está encantado con ella. Lo que más le ha sorprendido es que haya convertido su obra en un esperpento. Le he dado un enfoque humorístico a escenas que no estaban escritas con esa intención. Mis comedias preferidas son aquellas en las que la risa se congela, las de la incomodidad, la indignación y la vergüenza ajena, y de estos elementos su libro andaba sobrado.

Comenta que el trabajo de documentación ha sido ingente. ¿Qué ha aprendido en este proceso? Porque la historia de Quintà es la historia de un momento y un país, de muchos otros personajes aparentemente secundarios.

Jordi Amat puso a mi disposición todas las fotografías, documentos y datos que tenía a mano, fruto de tres años de investigación. Respondía rapidísimo y amablemente a cada petición que le hacía. Hasta que no tengo muy claro cómo plantear una escena no empiezo a dibujar, porque sé que si no voy a tener que repetir la viñeta más tarde. Y aún así, a última hora, suelo encontrar accidentalmente una foto que me resuelve un dibujo que ya me dio quebraderos de cabeza en su momento, y tengo que rehacerlo. Por ejemplo, la casa donde vivió Quintà la encontré en Idealista una vez terminado el cómic, y tuve que cambiar los fondos de todas las escenas que ocurrían allí.

Sigue siendo el cronista oficial comiquero de la historia de España. ¿Qué es lo que sigue interesándole de este tipo de proyectos?

La época de la Transición no la había tocado hasta ahora, y puede que se trate del período que más me fascine de la historia de España. Tanto por la moda, el diseño, el cine, el cómic y las publicaciones de aquellos años, como por la incertidumbre social y el poder del que gozaban los medios de comunicación y los líderes políticos. Un caso como el de Jordi Pujol es impensable que vuelva a repetirse, y este cómic es una herramienta muy útil para entender cómo se fraguó y desarrolló el pujolismo, un fenómeno increíble que sólo fue posible en un contexto histórico como ése. Y es un alivio, claro, pero también da un poco de pena que hoy todo resulte tan efímero y tan cutre.

¿Y para cuándo un proyecto personal suyo? El último fue el ya lejano, y muy celebrado, álbum sobre Joselito.

Va a tener que esperar, al menos un par de años, pero ya lo tengo apalabrado con el editor. Está relacionado con una de mis obsesiones que, para aquellos que me sigan por las redes sociales, no será muy difícil de averiguar. Tengo una cuenta de Twitter dedicada exclusivamente a esa actividad, que me quita más tiempo y energía mental de la que quisiera [se refiere a su cuenta sobre palíndromos gráficos, @palindrotiras]

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