Está convencido Antonio Banderas de que el Teatro del Soho-CaixaBank tiene ya la madurez necesaria como para no necesitar de su presencia sobre el escenario. Desde su inauguración, ha levantado dos musicales de Broadway de producción propia, A Chorus Line y Company, con los que ha querido demostrar que su apuesta, el sueño de su vida, no es el capricho de un señor acostumbrado al éxito. Ahora, el actor, productor, director y empresario malagueño se queda entre bambalinas y le cede al músico, intérprete y coproductor Emilio Aragón la batuta principal de su nuevo show: Godspell, el otro gran musical de los años 70 con el que se recontextualizaron y revisaron las enseñanzas de Jesucristo (el principal fue, se lo imaginarán, Jesucristo Superstar).

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Photocall del estreno Godspell en el Teatro del Soho CaixaBank Álex Zea

Banderas y Aragón aseguran que «no se trata de una obra religiosa sino que recupera los valores del cristianismo de una forma laica». Para quien no conozca Godspell (una pieza no demasiado demandada en nuestro país, tradicionalmente más pendiente de los musicales de orígenes más, digamos, cinematográficos y de popularidad contrastada), se trata de una obra de John Michael Tebelak con música y letras de Stephen Schwartz que no es, ni más ni menos, que un relato evangélico, fundamentalmente el Evangelio de San Mateo, pero propulsado a esos 'seventies' del 'flower power' y la cultura hippy. «Godspell aborda la formación de una comunidad que lleva las enseñanzas de Jesús tras su desaparición. En otras palabras, la historia del espectáculo es el efecto que tiene Jesús en los otros», explicó en su momento Tebelak.

¿Por qué Godspell?

¿Qué por qué ha sido seleccionada por el empresario malagueño para su teatro? Él mismo lo explicó hace unos días, durante la presentación a los medios de comunicación: «Es una obra que supone un bálsamo en unos tiempos muy agresivos, en los que poner el telediario es un deporte de riesgo». Toca, parece decirnos, recuperar la inocencia y la pureza de sentimientos en tiempos oscuros.

Se nota sobre las tablas la convicción, el empeño y la ilusión que han puesto Antonio Banderas y Emilio Aragón en una aventura que comenzaron simultáneamente sin saberlo (cuando Aragón le propuso el proyecto a Banderas, éste llevaba ya tiempo negociando los derechos). Ambos han sabido contagiar ese entusiasmo al elenco que levanta los 16 números musicales que nutren la función: Víctor Ullate Roche, Pepe Nufrio, Angy Fernández, Andro Crespo, Jana Gómez, Raúl Ortiz, Laia Prats, Aaron Cobos, Roko, Noemí Gallego, Javier Ariano, Daniel Garod, Nuria Pérez y Mónica Solaun (resaltar individualidades sería pecaminoso) entregan sus cuerpos, almas y voces para un sermón desenfadado y simpático. Entre todos logran una conexión inmediata con el público, haciendo que algo que, de partida, no parece la más vibrante de las perspectivas (una sucesión de parábolas cristianas) termine siendo un show hiperquinético y carismático, repleto de guiños (algunos, hay que reconocerlo, algo fáciles) para ganarse al respetable desde casi el primer momento.

Un momento de «Godspell»

Poco a poco, claro (estamos hablando de la vida y la muerte de Jesucristo), la luz del trayecto de Godspell vira hacia las oscuridades de lo más hondo. Pero nunca se cae aquí en el abismo, porque en esta función, todos, desde el tramoyista hasta el taquillero, desde las maravillosas Angy Fernández, Aarón Cobos, Laia Prats y Roko (perdón) hasta las acomodadoras, están empeñados en que no perdamos la esperanza, en que no olvidemos que todo siempre termina para empezar de nuevo. En suma, gracias, Antonio Banderas y Emilio Aragón y cía por el pequeño regalo de Navidad adelantado.