Descubiertas en 2010 se edita ahora la última joya literaria de Marcel Proust. Son 23 cartas enviadas a la señora Williams y tres a su marido, un prestigioso dentista. Ambos vivían en el piso superior al del Proust, en el 102 del boulevard Haussmann. A Proust, que tenía fobia al ruido, le mortificaba el que hacían las obras en el apartamento de sus vecinos de arriba.

Se trata de cartas inéditas y desconocidas hasta 2010. No figuraban en la gran correspondencia de Proust y poseen un tono de intimidad y autenticidad muy distinto al de las cartas conocidas. El escritor nunca habló de ellas, ni nunca mencionó a la señora Williams.

Ahora con su publicación en español por la Editorial Elba podemos disfrutar de esta exquisitez epistolar de uno de los grandes escritores de la historia.

Es una oportunidad única para leer al gran escritor en la intimidad de su día a día, durante los ratos que descansa de escribir En busca del tiempo perdido. Las cartas, las de Proust, las de ellas no las conocemos, tienen el tono de intimidad, de amistad cada vez mayor entre dos solitarios. En ellas, Proust despliega con la señora Williams toda su seducción, hace brillar su humor, su cultura, su arte del cumplido, su exquisita y seductora elegancia.

¿De qué tratan estas cartas? Del ruido, ante todo. Del que provocan las obras en el piso de arriba y que tanto torturan a Marcel. Proust agradece a Marie Williams su buena disposición ante un problema que era grave para él: «Es usted muy gentil por preocuparse por el ruido. Hasta ahora es contenido y relativamente próximo al silencio».

Imagen de la señora Williams. L. O.

También se habla de música. Ella era una apasionada de la música y tocaba el arpa: Proust desea subir al piso de su vecina para escucharla: «Clary (viejo amigo de Proust) me dice que es usted una gran intérprete de música. ¿No podría alguna vez subir a escucharla?» Al menos una vez logra subir y con ello se interesa por el hijo del matrimonio y consigue que el niño le visite en su apartamento.

Hablan de recuerdos, de la memoria. Es la memoria de la belleza lo que permite a estos dos enfermos (ella también lo estaba y tomaba aguas termales soportar la fealdad que les rodea).

La señora Williams se interesa por la obra de Proust, que en ese tiempo solo había publicado el primer tomo de En busca del tiempo perdido, Por el camino de Swann y él le explica que será el tercer volumen el que «ilumine y aclare los planes del resto».

Pese a la vecindad, Proust y Marie Williams solamente se vieron una vez. Las cartas se prolongaron varios años hasta 1919 cuando el doctor, su esposa y el propio escritor abandonaron su residencia al ponerse el edificio en venta en mayo de 1919.

Cartas a su vecina

Marcel Proust

Editorial Elba

Traducción: José Ramón Monreal 

Precio: 21,50€