¿Puede una actitud demócrata acabar con un grupo que ha encontrado la fórmula del éxito en la aportación de uno solo de sus miembros? John Fogerty lo tiene claro y así lo explica en ‘Fortunate Son. Mi vida, mi música’, autobiografía que ahora edita el sello Neo Person en su colección Neo Sounds. «Lo peor que le ocurrió jamás a mi banda fueron los Beatles, porque mis compañeros pensaron que podían ser como ellos». Mientras terminaban el bachillerato, los hermanos John y Tom Fogerty, junto a Doug Clifford y Stu Cook –todos vecinos de El Cerrito (San Francisco)–, aprendieron a ser estrellas del rock con proyectos como The Blue Velvets y The Golliwogs. La voz cantante la ejercía el hermano mayor, Tom, pero la pasión, creatividad y los conocimientos musicales del pequeño John le fueron llevando de forma natural a la cabina de control. Bajo esta fórmula, en 1968 nació la Creedence Clearwater Revival, que se convirtió, pese al leonino contrato que habían firmado con Saul Zaentz y Fantasy Records, en la banda más rentable de la contracultura norteamericana. «Nadie es más grande que los Beatles, pero me han dicho que en 1969 vendimos más que ellos en todo el mundo», sostiene el cantante. Todos los temas eran composiciones suyas, hasta que los demás pidieron espacio para componer y cantar, como hacían los cuatro de Liverpool. «Estamos hartos de que nos consideren la banda de acompañamiento de John Fogerty, llegó a decir Cook a la prensa.

John Fogerty: el invencible soldado del rock

John accedió, aunque al poco tiempo Tom abandonó la formación. Lo que sigue es la historia del mayor fracaso de la Creedence: el inconexo ‘Mardi Gras’ (1972), en el que están acreditados Clifford y Cook como cantantes y compositores. ¿Alguien recuerda alguna de sus canciones? Tras este álbum el grupo desapareció, pero no la obligación del líder de entregar a Fantasy nuevo material. Así que, en plena depresión, John se vio obligado a grabar nuevos discos para saldar la deuda. Las trifulcas judiciales con sus excompañeros –incluido su hermano– y la extrema avaricia de Zaentz, que a día de hoy sigue siendo propietario de las canciones de la Creedence, hundió el estoico ánimo del músico, que terminó por refugiarse en el alcohol. Pasó más de 15 años sin interpretar sus antiguos himnos, hasta que en 1987 Bob Dylan le dijo que si no tocaba ‘Proud Mary’ el mundo «terminaría creyendo que es una canción de Tina Turner». Con el tiempo y el inestimable apoyo de Julie, su mujer, John Fogerty supo pasar página, retomar las riendas de su espíritu creativo y volver a militar en el único ejército en el que siempre se ha sentido un soldado afortunado: el rock.

Fortunate Son. Mi vida, mi música

Autor: John Fogerty

Editorial: Neo Person

Precio: 22,00€