Nuestro mundo se alimenta de gestos, la mayoría de ellos vanos e inútiles, muchos molestos y también muchos de ellos muy necesarios. Creo que cuando de lo único de lo que nos preocupamos es de esos gestos, comenzamos a movernos en un terreno muy resbaladizo. Así entiendo la decisión de la popular escritora irlandesa Sally Rooney (1991) de impedir que su novela ‘Dónde estás, mundo bello’ (Literatura Random House, 2021) se traduzca al hebreo y que se publique en Israel. ¿La joven Rooney se ha revelado como una joven nazi? No, aunque siendo irlandesa tampoco era una posibilidad a descartar a la ligera; lo que sí sucede, según ella ha declarado, es que su apoyo a la causa palestina le impide publicar su tercera novela en una editorial que no apoye de forma explícita a los palestinos y denuncie también al Estado de Israel –las dos primeras sí las ha publicado, pero debemos de suponer que no ha dormido bien por ello-. Este gesto es tan inútil y molesto como lamentable. Y para gesto controvertido, pero ni tan inútil ni errado como quizá opinen los seguidores de Javier Marías, esta semana el jurado del Nobel ha concedido el Premio de Literatura al novelista tanzano Abdulrazak Gurnah por su compromiso al presentar los efectos del colonialismo. Con los Nobel uno descubre literatura y geografía, que no está mal que nos recuerden por donde cae Tanzania.