Con un poso de casi ochenta años, -vio la luz en 1943- ‘El bosque animado’, de Wenceslao Fernández Flórez sigue siendo no solo su mejor aportación a la literatura española sino todo un brillante ejemplo de narrativa naturalista con el añadido de una raíz céltica que incorpora la aparición de elementos propios como las meigas, los fantasmas que hablan o la Santa Compaña.

La nueva publicación por Ediciones 98 de ‘El bosque animado’ permitirá a los lectores deleitarse con la riqueza de su vocabulario, su original sintaxis y su estilo de inteligente ironía.

La novela se publicó en 1943, en la inmediata posguerra y, como dice Andrés Amorós, en el prólogo de esta nueva edición «responde plenamente a sus raíces personales y literarias, expresa mejor que ninguna otra su visión del mundo».

Por ‘animado’, Fernández Flórez quiere decir un bosque lleno de vida, con los animales y vegetales como grandes protagonistas; es también un mundo complejo, donde sus protagonistas viven y sienten aunque no hablen. La naturaleza no es un mundo intelectual, sino sensorial, sentimental. Animado también porque narra de continuo la gran sinfonía de colores, de olores, de los miles de sonidos, de sensaciones, de vida natural, aunque finalmente todos están sometidos a la ley inexorable del tiempo.

El bosque animado es la fraga de Cecebre, en La Coruña, «un tapiz de vida» un ser «hecho de muchos seres»: árboles, plantas y animales y donde el hombre es un detalle prescindible. Cuando el hombre entra en la fraga, «la fraga cambia», es el enemigo, cuando uno atraviesa sus límites, se produce la Señal.

Sus protagonistas son animales y plantas, como Furacroyos, un topo color nube, que como un peregrino enamorado busca a su mujer desaparecida tras una gran tormenta y tras buscar y buscar la encontró en casa del hombre convertida ya solo en piel que la mujer del hidalgo necesitaba para un gabán.

Pero también el bosque lo habitan hombres humildes como Xan de Malvís, alias Fendetestas, que dejó su humilde tarea de jornalero por la más higiénica de bandolero de caminos. Se hizo amigo del fantasma de Fiz de Cotobelo que vagaba en pena por el bosque y que le llevaba a la ruina pues por miedo al fantasma nadie pasaba y ya no tenía a quien robar, hasta que una noche vieron pasar la Santa Compaña y Malvís convenció a su amigo fantasma para que se fuera con ellos y así cumplir su deseo de llegar hasta América.

Los árboles son las almas solemnes del bosque. Pero un día unos hombres clavaron un poste y le prendieron en lo alto hilos metálicos. Los arboles pensaron que habían plantado un nuevo árbol. Pero este era frío, seco y desdeñoso, no quería cantar con ellos ni acoger ningún nido. Pero un tiempo después otros hombres lo derribaron al ver que estaba carcomida su madera. Y el pino más cercano informó al resto: dentro solo tenía polilla y muerte «siempre estuvo muerto».

El bosque animado

  • Autor: Wenceslao Fernández Flórez
  • Editorial: Ediciones 98
  • Precio: 19,95 €