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Editorial Renacimiento

Joyas iniciales de Marcel Proust

Vale bien disfrutar de estos relatos cortos de Proust, pequeñas joyas que sirvieron para engarzar su gran obra y su perdurabilidad.

Un joven Marcel Proust

En la obra de todo escritor o escritora realmente grande, no hay textos faltos de interés o carentes de importancia. En su itinerario narrativo habrá textos menores, de iniciación, pero que ya tendrán el trazo firme y el aura del genio literario que le hará grande. Estamos aquí con uno de esos textos firmados por un joven Marcel Proust, ‘Los salones y la vida de París’, que recupera en una hermosa edición la editorial Renacimiento.

De la mano de madame Armand de Caillavet, la ‘amiga’ de Anatole France, el escritor tan querido de Proust, este comienza a frecuentar salones y reuniones de la burguesía parisina, donde va ascendiendo hasta ser recibido en los exclusivos salones de condesas, marquesas y príncipes de la nobleza que luego retratará de manera mordaz en La Recherce. De su pluma joven pero ya firme, recorreremos los salones como el histórico de la princesa Mathilde, sobrina de Napoleón; el de la acuarelista Madeleine Lemaire; el de la princesa Edmond Polignac; o los de las condesas Potokca, Guernes y D’Haussonville. La presencia de Proust en esos salones fueron un modo didáctico y pedagógico para, como dice Luis Antonio de Villena en el prólogo, «hablar, observar y describir a muchos de los que luego iban a ser sus personajes básicos de ‘En busca del tiempo perdido’».

Pero más allá del relato de estas veladas mundanas, el libro nos descubre otros textos de un Proust, aún joven, pero ya con una enjundia y hondura propias de un escritor consagrado. En breves textos como ‘En el umbral de la primavera’, ‘Rayo de sol sobre el balcón’, ‘La iglesia de aldea’ o ‘La muerte de las catedrales’, (sin duda el más logrado de todos ellos), podemos leer como Proust reflexiona sobre el tiempo (el tema que siempre le obsesionó), sobre el arte y cómo este incide en nuestras vidas, sobre la infancia como recuerdo imperecedero o, de manera que nos acerca ya al Proust de La Recherche, cómo reflexiona sobre la inmensidad artística de las catedrales como gran simbología del catolicismo criticando con dureza el proyecto del gobierno francés de dejar de subvencionar a la religión católica, algo que Proust teme y ve como la pérdida de esos grandes monumentos catedralicios, orgullo del arte francés.

La obra magna de ‘En busca del tiempo perdido’ se fue construyendo y edificando a partir del aprendizaje del escritor reflejado en estos textos que son como jalones de ese gran edificio final de La Recherche.

Vale bien disfrutar de estos relatos cortos de Proust, pequeñas joyas que sirvieron para engarzar su gran obra y su perdurabilidad.

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