Proteo y Prometeo celebraron en 2019 sus 50 años de amor por los libros y quienes los leen. Ni se imaginaban entonces lo que nos vendría a todos encima pocos meses después, el coronavirus, ni a ellos ayer: un tremendo incendio acabó la madrugada del jueves al viernes con todos los libros y ordenadores del local, cuya primera planta ha quedado completamente inhabilitada. Se trata de una nueva batalla, y de las más duras, para un establecimiento acostumbrado a plantar cara a las adversidades. Un cortocircuito, confirman los bomberos, fue la causa de las llamas (los electrodomésticos de tres locales vecinos están inutilizados); afortunadamente, no se produjeron daños personales.

«Ha sido un milagro, ya que la estructura del edificio no se ha visto damnificada», cuenta el propietario de Proteo, Jesús Otaola, un clásico del gremio librero de nuestra capital. Es lo único que no se ha perdido: «Los libros que no se llegaron a quemar se mojaron por el agua de los bomberos». 

«El daño es inmenso. ¿Cuánto puede costar construir esto desde cero, 1 millón de euros, 5 millones?», se pregunta ahora el librero, que no podrá contactar con el seguro ni conocer cuándo podrá abrir de nuevo hasta que los bomberos le entreguen el informe definitivo, el martes de la semana que viene.

Desde que se conociera la noticia del incendio, de madrugada, los clientes, librerías, la clase política y el sector cultural ha manifestado su solidaridad con Otaola y su equipo. En Twitter se ha creado el hashtag #MalagaconProteo para dar muestras de ánimo tras el duro varapalo; además, bastantes amigos de la librería han comprado libros a través de la web del establecimiento como muestra de respaldo activo ante la tragedia. Natalia, también de la librería, nos dice: «Al despertarme por la mañana y ver todos los mensajes y llamadas, comprobar que el apoyo no es sólo de palabra sino comprando un libro, resultó fantástico. Fue lo que hizo que me pudiera levantar de la cama».

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Así ha quedado el interior de la librería Proteo tras el incendio de la noche del jueves Álex Zea

Proteo-Prometeo es, como las mejores librerías, toda una institución cultural en nuestra ciudad, forjada por valientes y resistentes porque cualquier librero lo es. «¿Quieres que me remonte a la Edad Media, cuando te quemaban por tener libros prohibidos? ¿O a cuando empezamos Proteo-Prometeo, en plena dictadura franquista, cuando te jugabas la vida por vender ciertos libros? ¿O a la Transición, cuando tuvimos varios atentados? ¿O a la crisis económica del 2008, que acabó con todas las expectativas de desarrollo del sector?», ha reflexionado en alguna ocasión Jesús Otaola sobre su tarea.

Tuvieron que bregar con vándalos de la política como aquel ultra, cliente fijo de la librería, que un día lanzó una botella de gasolina contra una zona con material inflamable. Afortunadamente funcionó el extintor. En otra ocasión, el escaparate de Proteo recibió una pedrada tras un reaccionario comentario en prensa que protestaba porque en el escaparate podía leerse 'libres', que a su juicio era 'libros' escrito en catalán (en realidad, en catalán se escribe 'llibres'). Pero ni uno ni otro pudieron con el establecimiento fundado por el maestro Paco Puche. Tampoco, confiemos, el devastador incendio.