Hace unos días, la sección ‘La ciudad’ de este periódico se hacía eco del abandono del cortijo del Cañaveral, un edificio protegido en el PGOU por su relevancia histórica, ligado a los orígenes del Puerto de la Torre y otros barrios vecinos.

Conocido popularmente como el convento del Cañaveral de los Frailes, el profesor de la UMA Francisco Rodríguez Marín, autor de la ficha de protección del edificio y de una tesis doctoral sobre los conventos de Málaga, informaba el año pasado a este diario de que «nunca fue convento» pero sí perteneció al convento de Santo Domingo, al que se le adjudicó en los Repartimientos, en el 1490. La parte más antigua del inmueble, aventuraba entonces, podría ser «del siglo XVI o XVII».

Vista del conocido como convento del Cañaveral de los Frailes, en 2006. Arciniega

Precisamente, el escritor Manuel Garrido acaba de publicar en Jákara una edición ampliada de su obra ‘Puerto de la Torre. Convento del Cañaveral, Virgen de las Cañas, su Historia’.

Desamortizado en 1836, el cortijo perteneció al arquitecto municipal Rafael Mitjana y durante buena parte del siglo XX, a la familia Torres.

Actuación subsidiaria

Dotado de la máxima protección arquitectónica, el PGOU actual lo clasifica como equipamiento. Sin embargo, su lamentable estado ha llevado a la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU) a actuar de forma subsidiaria desde hace unos dos meses, limpiando y apuntalando zonas de la parte más reconocible del edificio, la que incluye la portada de la reforma de 1874.

Detalle de la portada, con el año de la reforma. A.V.

Como informa el concejal de Urbanismo, Raúl López, el cortijo tiene dos propietarios y mientras el primero sí está atendiendo los requerimientos de Urbanismo y tomando medidas la Gerencia ha tenido que actuar en la parte que es propiedad de una promotora.

En realidad, como informa Raúl López, la Gerencia tiene puesto el foco en este histórico edificio desde 2007, cuando suspendió las licencias de demolición, realizó un estudio histórico y propuso incluirlo en el catálogo de edificios protegidos del PGOU.

Además, como el cortijo siguió deteriorándose, en 2015 abrió un expediente de conservación, con la propuesta de varias medidas para detener la decadencia. Dos años más tarde, se realizó una valorización patrimonial por encargo de la Gerencia, en cuyo estudio el inmueble también aparece relacionado con la familia de los condes de Buenavista.

Interior del cortijo, en 2006. A.V.

A la actuación de forma subsidiaria que lleva a cabo la GMU en la parte de la promotora hay que sumar una propuesta a esta propiedad para que tome más de una decena de medidas, entre ellas limpieza, fumigación, instalación de andamios, apuntalamiento, reforzamiento de muros, fumigación y arreglo de alguna cubierta.

Como explica el concejal de Urbanismo, el objetivo de la GMU con estas medidas es «preservar el Patrimonio» y en caso de que la propiedad siga desentendiéndose del edificio, irá a subasta pública.

«El inmueble se subasta y al nuevo propietario se le descuentan las cargas que ya tenga, para que no se pierda el dinero que nos gastamos para preservar el patrimonio de la ciudad y que es de todos», explica. Raúl López pone el ejemplo de un edificio en el número 9 de calle Strachan, con muchas bazas para terminar subastado y por el que ya se han interesado cinco inversores.

El propósito es que el convento del Cañaveral de los Frailes recupere algún día el esplendor perdido y no desaparezca.

Detalle del exterior, hace unos días. A.V.