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La Opinión de Málaga

Mirando atrás

La barriada de Los Prados ya tiene su libro de Historia

El historiador y guardia civil Víctor Cabezón Jurado, vecino del barrio, ha dedicado tres años a escribir ‘Los Prados. La Málaga desconocida’, el primer libro que reúne los recuerdos de los pradeños y la historia de esta barriada ligada a la estación de tren

El escritor Víctor Cabezón Jurado, esta semana con su obra, delante de la antigua estación de tren de Los Prados. A.V.

El 16 de marzo de 1860, la prensa malagueña publicó que el acto de inicio de las obras del ferrocarril Málaga-Córdoba, la primera paletada de tierra, la echó el gobernador civil Antonio Guerola en «los Prados de Santa Justa», las tierras del vecino Cortijo de doña Justa.

Esta es la primera referencia escrita que el guardia civil especialista en el Grupo de Tecnologías de la Información y grado en Geografía e Historia Víctor Cabezón Jurado ha localizado del que desde hace una década es su barrio: Los Prados.

Gracias a su tesón, acaba de publicar ‘Los Prados. La Málaga desconocida’ (ediciones del Genal, 18 euros) un ambicioso trabajo de casi 550 páginas que de hecho se ha convertido en el primer libro sobre la historia de este barrio y las vivencias de sus vecinos.

El entorno de Los Prados en el plano de Málaga de Emilio de la Cerda de 1899. L.O.

La obra, que fue presentada el pasado viernes en la Caseta Municipal de Los Prados, ha sido cofinanciada por este investigador nacido en Montargis, Francia, en 1967, hijo de emigrantes y en Málaga desde los 2 años y por Miguel Salado, un veterano pradeño que además ha sido una fuente importante para el libro.

Víctor Cabezón explica que, en un primer momento, se planteó escribir una pequeña historia sobre el club de fútbol del barrio, dado que fue su entrenador, pero pronto amplió las miras: «Me considero una persona inquieta y me puse a buscar algo de Los Prados; encontraba poco, apenas había nada y entonces le dije a mi pareja: voy a empezar a buscar a ver... y buscando estuve tres años; cada vez que encontraba documentación sobre Los Prados era una alegría inmensa», subraya.

Su constancia y el buceo en todo tipo de archivos locales, provinciales y nacionales -también los ferroviarios- dieron su fruto.

Además, el autor tuvo claro que no quería únicamente que la obra interesara a los vecinos de este barrio del distrito de la Cruz de Humilladero sino a todos los lectores malagueños, por eso, ha querido hablar de los orígenes de todo este entorno de la Vega de Málaga , poblado en su día de cortijos y haciendas como Sánchez Blanca, Paulita Mellado (probable evolución del nombre ‘Paulina’), El Contador, San Luis, La Estrella, Las Paredillas o el conocido Cortijo de Torres. Además, Víctor Cabezón, como buen historiador, ha comenzado por el principio: las primeras huellas arqueológicas. 

Foto de grupo de vecinos de Los Prados con Parrado, Agustín, Curro, Félix, Rebollo, Paco Sierra y Juan Miguel de Lerón, entre otros. L.O.

No obstante, el grueso de la obra se centra en el desarrollo histórico de Los Prados, una parte de Málaga que según los padrones del XIX detallados en el libro ya estaba habitada por los trabajadores de los cortijos circundantes.

De hecho, como señala el historiador, el camino de Los Prados llegó a conocerse con anterioridad como el camino del Contador y el camino de doña Justa, en relación a sendos cortijos hoy desaparecidos.

Un asunto muy curioso, rescatado gracias a este libro, es que Los Prados fue uno de los lugares que se barajaron en la década de los años 20 del siglo pasado para construir el nuevo cementerio de Málaga, según proyecto de 1926 de Fernando Guerrero Strachan. El emplazamiento fue descartado, entre otros aspectos, porque era necesario trazar un camino de kilómetro y medio paralelo a la entonces llamada vereda de doña Justa, además de una importante obra en el arroyo de las Cañas.

La estación

Los Prados, como la barriada que conocemos, comienza a raíz de la construcción de la estación de tren en 1928/29, que tomó el nombre que ya tenía este rincón de Málaga, considera Víctor Cabezón.

Para el investigador, la falta de espacio de la estación de tren de Málaga, encajonada ya en el casco urbano, hizo necesaria en las proximidades una estación de clasificación y distribución de los vagones para mejorar el servicio, así como talleres de reparación.

Viviendas antiguas del personal ferroviario, todavía en pie en Los Prados. A.V.

Y justo al lado se construyeron unas preciosas viviendas para el personal ferroviario que hoy siguen en pie todavía.

El libro, además, no se olvida del Colegio de San Lázaro, que ofrecía clases, en aulas separadas, a niños y niñas ni de la parroquia del Dulce Nombre de María y su antecesora, la capilla de Los Prados, donde en 1972 se creó un grupo juvenil que fue el germen de la futura asociación de vecinos. La obra también habla de la fábrica de carbones aglomerados que tuvo el barrio, propiedad de la compañía CARINSA y del cuartel de la Guardia Civil de San José, en el kilómetro 3 de la carretera de Álora, que ocupaba originalmente una casa de cinco habitaciones además de cuadra para dos caballos, cedida por un vecino en 1899. Y por supuesto, dedica un capítulo a su famosa laguna natural.

Alumnos del Colegio San Lázaro de Los Prados con un profesor, en una foto de 1957. Miguel Salado

En realidad, son innumerables los aspectos que repasa esta obra, incluidos los recuerdos de los vecinos de la vida en el barrio, fruto de muchas entrevistas.

La obra recuerda al pradeño Diego Díaz Díaz, heroico cabo de la guardia civil que perdió la vida tratando de salvar a tres personas. ARCINIEGA

Incluye, por cierto, un capítulo muy especial dedicado al héroe de Los Prados, el cabo de la Guardia Civil Diego Díaz Díaz, fallecido en 2018 mientras trataba de salvar la vida a los tres ocupantes de un coche que se había precipitado al arroyo de Galapagar en Guillena (Sevilla). El héroe recibió la distinción de honor de la provincia de Málaga a título póstumo.

Estampas, en suma, de un barrio lleno de historia que ahora será más conocido por los malagueños gracias al concienzudo trabajo de Víctor Cabezón Jurado.

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