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San Telmo homenajea al decano de los pintores

La Real Academia de San Telmo entregó la Estrella de San Telmo a Francisco González Romero, de 99 años, por toda una vida artística de búsqueda y evolución

El alcalde y los académicos de San Telmo con el homenajeado, Francisco González Romero. A.V.

La misma ilusión creadora que mantenía Pablo Ruiz Picasso pasados los 90 es la que empuja a su paisano Francisco González Romero a seguir trabajando e investigando en su estudio de calle Convalecientes.

El pasado día de Santiago, don Francisco cumplió 99 años y por este motivo, la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo quiso homenajear a quien es el decano de los pintores malagueños, no sólo por su cercanía al siglo sino por una trayectoria artística brillante y entregada, como recordó el pasado jueves en el salón de actos de la institución la académica Charo Camacho.

Francisco González Romero, capuchinero de la cosecha de 1923, tuvo que dejar el colegio a los 13 años, al perder a su padre, y entró a trabajar en un taller de reparación de buques que le puso en contacto con la Técnica, que tanto le marcó.

A partir de ahí, y con el punto de mira en las artes desde 1934, su trayectoria profesional ha sido tan variada como asombrosa, pues tuvo el privilegio de trabajar con grandes personalidades que han marcado Málaga desde el punto de vista paisajístico y urbanístico como José Martínez Falero y José González Edo, respectivamente.

Francisco de la Torre y Juan Manuel Cabra de Luna, con el decano de los artistas de Málaga. A.V.

Además, al ganar en 1956 un concurso de Patrimonio Nacional, este malagueño formado en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando pudo desarrollar su trabajo artístico nada menos que en los palacios de Riofrío, La Zarzuela, El Pardo y La Moncloa, así como en el Valle de los Caídos.

Profesor en la Escuela de Ingenieros de Caminos de la Complutense y en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios de Almería, como subrayó Charo Camacho, también fue uno de los pioneros del diseño de interiores en España, al contar con su propio taller en Madrid en la primera mitad de los 60. A partir de 1990 vuelve a Málaga y, ya jubilado, emprende una etapa artística, que continúa hasta nuestros días, de continua evolución y estudio del arte contemporáneo.

Por eso, el alcalde, Francisco de la Torre, que asistió al acto, subrayó el encomiable empeño del artista por «querer enriquecerse, aprender y avanzar», algo que también remarcó como «digno de admirar» el presidente de la Academia, Juan Manuel Cabra de Luna.

Don Francisco -una de cuyas hijas, María José González, presente en el acto, ha seguido sus pasos y es pintora- agradeció este homenaje como «estímulo único» y para dejar constancia de ese ‘temple picassiano’ por seguir en activo, pidió al alcalde una reunión para hablarle de los estudios de Diseño en Málaga, repletos de potencial. Enhorabuena.

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