Pasó el tiempo en el que las únicas informaciones sobre Ruy López de Villalobos consistían en su supuesto retrato en el techo del Salón de los Espejos del Ayuntamiento «y media página en el Archivo Díaz de Escovar», recuerda el historiador Jesús Moreno, autor en 1992 de una primera aproximación a este explorador malagueño del siglo XVI.

Jesús es coautor, junto con el investigador Juan José García y el historiador y profesor de la UMA David Cuevas del libro ‘1542 La Armada del hambre. Ruy López de Villalobos, de Málaga a las Islas Filipinas’. Se trata de la obra más completa hasta la fecha sobre Villalobos, con documentos inéditos -uno de ellos una carta del propio aventurero- y un enfoque global sobre su vida y raíces, sus exploraciones y el contexto internacional en las que se llevaron a cabo, sin olvidar un apartado que literalmente se pone ‘en la piel’ de Ruy López de Villalobos.

Retrato de Ruy López de Villalobos en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento. .

Retrato de Ruy López de Villalobos en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento. . ARCHIVO MANUEL OLMEDO

Como curiosidad esta obra, editada por Ediciones del Genal, nace de un trayecto en taxi: «Yo soy taxista, cogí un día a Rosa Francia, la mujer del alcalde y hablamos de la cantidad de marinos malagueños que hay por ahí perdidos como Ruy López de Villalobos. Entonces me animó a escribir un libro sobre él», cuenta Juan José García.

A partir de ahí, desde el año 2018 y bajo la coordinación de David Cuevas, autor de una novedosa investigación sobre los ancestros de Ruy López de Villalobos, fue tomando cuerpo este ambicioso estudio que completa muchos huecos sobre su figura.

Además de las consultas ‘online’ para ir armando la obra, Juan José García explica que se ha recorrido España tres veces, en busca de rastros físicos y documentales de Ruy López de Villalobos y su estirpe. «Me han abierto la puerta de casas solariegas y me han recibido muy bien en todos los archivos salvo en el de Medina Sidonia», apunta.

Los autores del ensayo, en la esquina de calle Compañía con calle Santos donde estaba la casa natal del explorador, hoy con una placa conmemorativa. A.V.

Los Villalobos proceden del pueblo de idéntico nombre en León, con casa solariega en el actual convento de Santa Clara. El padre del futuro explorador de las Filipinas, Juan de Villalobos, natural de Bodonal de la Sierra (Badajoz) se trasladó a la recién conquistada ciudad de Málaga y formó parte de la élite repobladora.

Su hijo Rodrigo de Villalobos, quien luego en América cambiaría su nombre por Ruy López de Villalobos, era hijo de su segunda mujer, Juana de Vargas y nació entre 1503 y 1506 en la casa familiar de la calle de los Guardas (Compañía) con la calle de la Pontecilla (Santos).

Escudo de la familia Villalobos en el Monasterio de Santa María el Real de Aguilar de Campoo, Palencia. Juan José García

La última constancia documental del joven en su ciudad natal es del año 1530, aunque ya no vivía en Málaga y acudió para la venta de unas propiedades.

Ligado a la figura del primer virrey de Nueva España, Antonio de Mendoza, arriba con él a este virreinato en 1535. A finales de ese año o inicios del siguiente se casa en México con doña Juana de Ircio, una posible mestiza hija del conquistador Pedro de Ircio.

Portada de la obra.

Los investigadores también han localizado en tierras americanas a un hermano de Villalobos, Antonio de Luna Villalobos, «que participó en la conquista de Santa Marta y Cartagena de Indias», cuenta David Cuenca, además de Bernardino de Vargas, que se unió a la famosa expedición de su hermano y durante ella murió.

Las Islas de Poniente

Los conocimientos de Cosmografía y Climatología del malagueño, además de su posición le valieron el nombramiento de capitán general de la Armada que en 1542 partió de Nueva España con un doble objetivo: culminar el establecimiento español en las Islas de Poniente (luego las Filipinas) y regresar por la misma vía hasta el Nuevo Mundo, algo conocido como el ‘tornaviaje’ y que nadie había conseguido aún, por las traicioneras corrientes.

Con el mundo dividido entre España y Portugal desde el Tratado de Tordesillas y el posterior de Zaragoza, los españoles no podían regresar por la India bordeando África porque se trataba de la zona portuguesa.

Tampoco en las Molucas (hoy en Indonesia), el archipiélago conocido genéricamente como ‘isla de las especies’ debajo de las Filipinas, podían recalar los barcos españoles por entrar en el área de influencia de Portugal.

Singladura de la expedición de Ruy López de Villalobos por las Molucas, territorio portugués. Archivo David Cuevas

Fue el talón de Aquiles de Ruy López de Villalobos porque su expedición, con unos 400 marinos y el mismo número de ayudantes indígenas padeció un asombroso cúmulo de desgracias y las Molucas, su puntilla.

«Es algo impactante lo de esta Armada, ningún conquistador se encuentra con que le sale todo al revés, el destino está en su contra», resume Jesús Moreno. 

Porque cuando Villalobos llega a las Filipinas (primeramente llama Filipina, en honor del futuro Felipe II, a una isla que luego serían dos y ya en la expedición siguiente todo el archipiélago se conocería como las Filipinas) se topa con una tierra poco amistosa y con serios problemas para alimentar a tanta tripulación.

Los dos intentos de hacer el ‘tornaviaje’ -lo que le habría traído ayuda de Nueva España- fracasan y lo que Villalobos no sabía es que aunque hubiera arribado alguno de sus barcos a México, una nueva norma impedía a los virreyes prestar ayuda en este tipo de empresas.

Desesperado, tuvo que recalar en las Molucas, donde comenzaron las tensiones con los portugueses, las intrigas y hostigamientos, al tiempo que era cuestionado por sus hombres. Villalobos fue conducido al límite y finalmente claudicó y permitió que la expedición regresara por la vía portuguesa, escoltada por los lusos. Para colmo, tuvo que ayudar a Portugal a guerrear contra un jefe indígena musulmán pero amigo de España.

Falleció repudiado y víctima de tantas desgracias en 1546 en las Molucas, antes de poder regresar a España. Para los autores, el fracaso del malagueño hay que matizarlo porque sin la experiencia y conocimientos de Náutica y Geografía de la Armada de Villalobos, veinte años después Andrés de Urdaneta no habría podido completado el tornaviaje; además, centró el interés de la Corona en las Filipinas para comerciar con China y Japón. En suma, fue el fracaso que hizo posible el éxito de la primera globalización. Todo esto y mucho más en este sugerente libro.