El sector de los concesionarios está a punto de cerrar un nuevo año para olvidar, con cifras de ventas de coches que tanto en Málaga como a nivel nacional siguen estancadas en niveles bajísimos, similares a los de hace diez años, cuando se vivían los peores momentos de la anterior crisis económica y el consumo de los hogares se mantenía bajo mínimos. En este 2022, al atasco de producción que sufren las fábricas de las grandes marcas automovilísticas por la escasez de semiconductores y microchips se han unido factores como la incertidumbre económica o la escalada de la inflación, que también han enfriado el ánimo de los compradores.

En Málaga, por ejemplo, se han matriculado hasta noviembre cerca de 20.300 coches, prácticamente los mismos que a estas alturas del pasado año. Las ventas siguen así más de un 30% por debajo de la época de la prepandemia ya que en 2018 o 2019, a estas alturas de año, el mercado ya manejaba en Málaga entre 30.000 y 32.000 matriculaciones.

El presidente de la Asociación de Concesionarios, Talleres y empresas afines a la Automoción de Málaga (AMA-Asomauto), Carlos Oliva, afirma que la mala situación del mercado obedece más a la falta de coches disponibles en stock que a la falta de demanda de los clientes, aunque reconoce que el bolsillo de los compradores no está en su mejor momento.

«La falta de stock y el retraso en la entrega de los coches están desincentivando las compras. Hay clientes que, en vez de esperar meses a que llegue su coche prefieren comprar un vehículo de segunda mano o de reparar el suyo, aunque esté antiguo. Si tuviésemos más vehículos disponibles, estaríamos haciendo cifras mejores de ventas», explica.

Y es que el tiempo medio de entrega de un coche nuevo sigue siendo actualmente hasta seis veces superior al de 2019, cuando la demora rondaba el mes, según la patronal de asociaciones de concesionarios Faconauto. La escasez de semiconductores y microchips, claves de los automóviles actuales (cada coche lleva de media unos 1.500 componentes) se traduce en una mayor tardanza de los concesionarios a la hora de entregar el vehículo al comprador final, con esperas medias en torno a los seis meses, además de casos concretos de coches con equipamientos especiales donde los plazos se van incluso al año.

La situación no tiene visos de cambiar a corto plazo, por lo que 2023 dará continuidad a esta coyuntura de bajas ventas. «Los fabricantes están optando por trabajar más a pedidos en lugar de realizar grandes producciones para guardar stocks. Comprar un coche nuevo es hacer un pedido a largo plazo», apunta.

Es cierto que los modelos más vendidos del mercado suelen tener una mayor disposición, al tener mayor tirada en las fábricas, aunque ni eso asegura su disponibilidad inmediata. Y es que cualquiera de los requerimientos más habituales del comprador para obtener el vehículo a su gusto (color, motor, equipamiento, etc) pueden retardar la entrega, dado el estrangulamiento de producción que sufre el mercado.

Otra muestra de esta dinámica de demoras, que ya ha sido comentada por AMA-Asomauto en alguna ocasión, es que el volumen de coches pendientes de entrega a clientes particulares y empresas de la provincia (lo que se denomina como back order) se mueve mes a mes, desde hace un año, en unos 3.000 vehículos, un 150% por encima de lo que era habitual.

Precios que subirán

En todo caso, Oliva aconseja a quien verdaderamente esté interesado en la adquisición de un vehículo nuevo de concesionario que, pese a esta situación, no demore su decisión de compra ya que, asegura, los precios tienen visos de subir del orden de otro 5% a lo largo del próximo año por el incremento de costes de materias primas que también vienen soportando los fabricantes.

«Que los precios van a subir es algo seguro, aunque siempre existen promociones aplicadas por cada marca o concesionario que permiten un descuento», señala.

El aumento de precios también se extiende al coche de ocasión. La falta de disponibilidad de vehículos nuevos hace que muchos compradores se hayan ido al mercado de la segunda mano y la consecuencia es que, desde junio de 2021, es decir desde hace ya 18 meses, se están produciendo incrementos interanuales de más del 10% en el precio. Si hace dos años, el precio medio de oferta del vehículo de segunda mano se situaba en 15.059 euros hoy ronda los 19.800 euros, según Faconauto.

El problema añadido de esta tendencia es que el parque de vehículos envejece de nuevo, porque el 50% de coches de segunda mano que se vende tiene más de diez años.

El precio de los carburantes también desanima

El portavoz de la patronal de concesionarios Faconauto, Raúl Morales, insiste en que «el principal problema que ha seguido arrastrando el mercado son los cuellos de botella en el aprovisionamiento de vehículos». El encarecimiento de los combustibles también «ha desmovilizado muchas ventas», añade Morales, que cree que, a corto plazo, «sólo una mejora en el aprovisionamiento del stock de los concesionarios y un cambio de tendencia en el precio de la gasolina puede aliviar un mercado que encara 2023 con mucha incertidumbre».

En la asociación de vendedores Ganvam, la directora de Comunicación, Tania Puche, advierte de que las redes de distribución «no están en disposición de jugar la baza de los descuentos en un momento en el que la falta de stock y la subida de los costes energéticos y de las materias primas presiona al alza el precio de los vehículos». En este contexto, la debilidad de las compras de particulares «sigue siendo la tónica del mercado», encadenando «tres años bajo mínimos».