Evitar hacer comentarios sobre dietas, cuánto se ha adelgazado o engordado, operaciones de cuerpo, comentarios o burlas sobre cuerpos ajenos... «La psicoeducación es una herramienta clave en la prevención», defiende Mamen Bueno, psicóloga experta en Trastornos de la Conducta Alimentaria.

Esta herramienta tiene como objetivo proporcionar a la sociedad un sentido crítico sobre todo lo que le rodea: «Imágenes de publicidad, cine o series, hay que enseñar a la población a ver las señales de alarma y, sobre todo, cómo afecta la forma de hablar en todo lo que hay debajo de un TCA», explica esta experta.

Del mismo modo, Alba Castillo, trabajadora social de la Asociación Ádaner, defiende que «educar a las personas es clave para concienciar a la población e ir haciendo ver a la población más joven la importancia de los TCA».

El desconocimiento sobre salud corporal, añade esta profesional, es otro de los pilares que sustenta el aumento de estos trastornos y sobre el que hay que actuar: «Es fundamental hacer ver a las personas que estar más gordo no es estar enfermo ni estar más delgado es estar sano. El peso no determina la salud».

Del mismo modo, Castillo explica que «un TCA va más allá. A veces lo vemos como una falta de voluntad o solo asociado al peso o la imagen corporal. Pero es una enfermedad mental de la que no se puede salir sin ayuda profesional, merece que no lo tratemos como algo pasajero o típico de la edad y darle la importancia que se merece».

En este sentido, Mamen Bueno defiende que trabajar en la prevención de los TCA «es trabajar en la autoestima, crear e incentivar una autoestima sana, defenderse de comentarios desagradables, detectar la gordofobia y señalarla... La psicoeducación puede ser muy útil».

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria se han convertido en la tercera enfermedad crónica más común entre los adolescentes malagueños. Y es que el número de TCA no ha dejado de aumentar en estos últimos años, dándose cada vez a edades más tempranas. Trastornos como la bulimia o la anorexia empiezan a aparecer ahora con mayor frecuencia entre menores desde los 8 años.

Un TCA es un trastorno mental que se caracteriza por un comportamiento patológico frente a la ingesta de comida y una obsesión por el control del peso. Su origen es biopsicosocial: «Este término hace referencia a que existen diferentes factores que influyen en el inicio, mantenimiento y progreso de la enfermedad. Hay factores biológicos, una carga genética que influye; factores psicológicos y temperamentales que también influyen y factores sociales como mitos y prejuicios, que son el desencadenante de cualquier TCA», explica Mamen Bueno, psicóloga experta en TCA y colaboradora en ‘Cómete el mundo: el blog de los trastornos alimentarios’.

Este tipo de patologías han ido creciendo en los últimos años, alentadas por una sociedad que cada día otorga más valor al cuerpo y estigmatiza un físico que se salga de sus patrones. Preocupa especialmente cómo está afectando esto a la población más joven, hasta el punto de convertirse en la tercera enfermedad crónica más frecuente entre ellos, según la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). Desde la Asociación en defensa de la atención a la anorexia nerviosa y la bulimia (Ádaner Málaga) alertan de cómo ha ido bajando la edad a la que comienzan a aparecer estos trastornos.

«Cada vez se dan casos en personas más jóvenes, entre los 10 y 12 años. Incluso nos han llegado menores con 8 años. En los más pequeños, estos trastornos no se manifiestan ni se tratan igual», indica Alba Castillo, trabajadora social de esta asociación. En Ádaner aseguran estar acostumbrados a tratar con pacientes entre 15 y 17 años, pues son las edades en las que más se suelen dar -aunque hay que recordar que un TCA puede aparecer en cualquier momento de la vida-, por lo que sus profesionales confiesan que «asusta tener un paciente con TCA a los ocho o nueve años. La prevalencia de este tipo de trastornos sigue desarrollándose en nuestros niños y niñas, y esto ha venido para quedarse. Los profesionales que tratamos este tipo de temas debemos formarnos para tratar a estas personas tan pequeñas y vulnerables».

El culto a la belleza, a lo saludable; asociar el sobrepeso a la vagancia y la delgadez al éxito o la gordofobia se encuentran entre los principales desencadenantes sociales de cualquier trastorno alimentario. La sociedad juega un papel fundamental en el desarrollo de estas patologías y los profesionales que tratan con ellas a diario inciden en la importancia de concienciar al conjunto de la población: «La sociedad somos todas las personas y hay que empezar por nosotros y nuestro círculo», defiende Mamen Bueno.

La psicoeducación, herramienta clave para la prevención

Evitar hacer comentarios sobre cuerpos ajenos o el peso de las personas es el primer paso para contribuir a la progresiva disminución de estos trastornos. También, señala Bueno, «hay que ser críticos y denunciar en redes sociales las publicaciones que inciten a prácticas peligrosas y tener una mirada crítica para no legitimar la gordofobia que hay en series, películas, anuncios o medios de comunicación».

Todas estas prácticas que rigen la actualidad hoy en día son un detonante directo, pues «al final todo el mundo está condicionado por la sociedad en la que vive», indica Alba Castillo, que advierte así de que cualquier persona puede llegar a desarrollar esta enfermedad mental de aspecto multicausal: «Los TCA son una ansiedad ligada a la alimentación. Otras personas pueden recurrir a otras vías como la violencia o el consumo de sustancias para aliviar los episodios ansiosos pero estas personas utilizan la comida».

Estos trastornos, por tanto, están ampliamente generalizados en todas sus formas. Si bien es menos frecuente trastornos como la pica -el paciente ingiere cosas que no son alimentos- el resto de TCA se dan prácticamente en la misma medida, informa Castillo. «Es un mito que la anorexia o la bulimia sean los TCA que más afectan a la sociedad, no son más frecuentes unos que otros, se compensan».

En cualquier caso, cualquier tipo de trastorno alimentario supone un serio peligro para la vida de la persona que lo padece. «Los TCA pueden dejar secuelas muy graves y provocar la muerte. La desnutrición, los problemas orgánicos... Hay que darle la importancia que tiene, no son cosas de niñas que quieren perder peso. Nos falta todavía mucha sensibilidad en estos temas, porque no somos conscientes de la envergadura de un TCA en la salud física y mental de las personas», defiende Mamen Bueno.