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Eufemismo en el Jardín de la Hermana Sabina

Por decir algo esta zona verde próxima al Bulto y el Parque Huelin está calificada como jardín, eso sí, en el más completo de los abandonos

El Jardín de la Hermana Sabina, en Huelin, ayer. A.V.

El pasado mes de septiembre, las asociaciones de vecinos Torrijos y Parque del Mar, de Huelin, se unían a los vecinos de la calle Orfila para reclamar al Ayuntamiento que se hiciera cargo del Jardín de la Hermana Sabina.

Se trata de una zona verde inaugurada en 2015 en homenaje a la monja vizcaína Sabina Zamalloa, quien estuvo al frente del vecino Cottolengo -levantado para tratar paliar la inmensa pobreza del barrio del Bulto- desde su fundación en 1965 hasta 1991.

En la inauguración se descubrió un panel de cerámica con la imagen de la religiosa de la Institución Benéfica del Sagrado Corazón de Jesús pero, por desgracia, el panel es lo único que hoy por hoy presenta un aspecto decente.

Esta sección se pasó ayer por el jardín, que habría que rebautizarlo como ‘Eufemismo de la Hermana Sabina’, en el sentido de que el mal llamado jardín es hoy un eufemismo, por no decir una broma.

Como pasa con algunos rincones de Málaga, esta inocente zona verde continúa en el limbo administrativo o más bien en mitad de una pugna entre el propio Consistorio y una promotora inmobiliaria.

Detalle del jardín, ayer. A.V.

En septiembre pasado este periódico conoció las dos posturas enfrentadas: el concejal de Urbanismo, Raúl López, pedía a la promotora de un bloque vecino que para que el Ayuntamiento se hiciera cargo e incorporara esta nueva zona verde, antes debía entregarla impecable o en su caso tendría que arreglarla el Consistorio pero ejecutando los avales que le entregó la promotora.

Esta, por su parte, entendía que el jardín «de manera tácita» ya fue recepcionado por el Ayuntamiento, al cobrar el IBI, recoger basuras y limpiar las calles de la nueva urbanización.

Y entre medias, el jardín sin barrer. El autor de estas líneas se pasó ayer con un vecino del entorno, muy crítico con el estado general de todos los andurriales que van desde la calle Fernán Núñez hasta el Parque Huelin.

El jardín siguen siendo un tétrico secarral en el que sólo crecen los mojones... y no precisamente los kilométricos. Resulta descorazonador pasear por esta pequeña zona verde en descomposición, con una palmera en estado salvaje que acoge en su seno basuras varias, la hierba rala que cubre el lugar y las plantas raquíticas que pugnan por salir.

Hay además un parterre vecino que servidor desconoce si se trata de un campito de petanca nunca utilizado o de una parte más de los jardines en los que el caballo de Atila campa a sus anchas.

Pidamos a los Reyes un jardín digno para calle Orfila.

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