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La gran batalla por la revolución verde de la energía

La transición energética es ineludible para combatir la emergencia climática y también una puerta de oportunidades de negocio. Iberdrola, Endesa, Naturgy, Repsol, Cepsa, Acciona y otras grandes compañías españolas despliegan planes que suman unos 125.000 millones en los próximos años para ganar la carrera de la descarbonización

La gran batalla por la revolución verde de la energía L. O.

La lucha contra la emergencia climática tiene en la transición energética una de sus principales puntas de lanza. La senda hacia la descarbonización de la economía es ineludible en el combate contra el calentamiento global (un reto sobre el que no dejan de saltar voces de alarma de que ya llegamos tarde) y al tiempo la revolución verde en el sector de la energía abre oportunidades claras de negocio que todas las compañías quieren aprovechar.

Gigantes como Iberdrola, Endesa, Naturgy, Repsol, Cepsa, Acciona, EDP, Enagás y Red Eléctrica han diseñado planes de futuro con inversiones milmillonarias (suman casi 130.000 millones) para no quedarse atrás y liderar la transición energética. Todos los grupos tienen el objetivo compartido de ganar la carrera de la descarbonización total de la economía como muy tarde a mitad de este siglo, pero las estrategias tienen matices que las hacen muy diferentes.

España ya cuenta con una hoja de ruta de transición verde, con objetivos intermedios marcados para 2030 en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) para disparar el peso de las energías renovables, y con la meta final de llegar a 2050 con una descarbonización plena y una economía neutra en emisiones sustanciada a través de la ley de cambio climático. Y el maná de los fondos europeos del Plan de Recuperación, que tiene la transición energética como uno de sus pilares, debe servir como propulsor.

El Gobierno central prepara una revisión del PNIEC para hacerlo más ambicioso, en línea con las exigencias de la Unión Europea, lo que acelerará los objetivos de despliegue de las energías renovables y también los de hidrógeno verde o biometano, y que condicionará –como ya hace el actual marco– el uso futuro de los combustibles fósiles y de la nuclear.

Los planes de futuro que articulan las grandes compañías contemplan estrategias multienergía hacia la sostenibilidad del sistema, pero difieren entre sí precisamente en la intensidad que se le otorga a la apuesta de cada grupo por una electrificación llevada al máximo con las energías renovables (eólica y solar) o por los gases renovables y biocombustibles. También se distinguen en la velocidad de retirada prevista o deseada de otras fuentes de energía (combustibles derivados del petróleo, gas natural…) que tendrán que seguir utilizándose a medio plazo.

La Diputación quiere aprovechar la biomasa para reducir la factura de la energía y las emisiones de CO2 en la Sierra de las Nieves. L.O.

Por bandera

Compañías como Iberdrola, Endesa y Acciona hacen bandera de la electrificación como la mejor vía hacia la descarbonización, defendiendo la extensión del uso de la electricidad producida con renovables a todos los ámbitos posibles, aunque también tengan planes de crecimiento ambiciosos, y en algunos casos punteros, en hidrógeno verde, biomasa y biocombustibles para atender la transición en sectores que no pueden electrificarse fácilmente.

«No podemos perder más tiempo [contra la emergencia climática]. La solución es la electrificación masiva con más renovables», ha proclamado en varias ocasiones el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán. «Es necesario acelerar las inversiones en renovables, redes y almacenamiento». El nuevo plan estratégico de Iberdrola refrenda esa visión. El grupo actualizó hace apenas dos meses su hoja de ruta hasta 2025, que ahora contempla inversiones récord de 47.000 millones de euros.

Iberdrola destinará 17.000 millones a crecer en renovables con 12.100 megavatios (MW) de nueva capacidad instalada, hasta alcanzar los 52.000 MW de energía verde en tres años. Los planes de la compañía incluyen concentrar el mayor montante de sus inversiones a redes eléctricas de distribución, con 27.000 millones. Y es que las redes pasan por ser para la empresa la columna vertebral de la integración de la nueva capacidad de las renovables y con las que la compañía se asegura marcos regulados predecibles frente a la incertidumbre macroeconómica.

En esta misma línea se enmarca la estrategia futura de Red Eléctrica de España (REE), el operador del sistema eléctrico y gestor de toda red de transporte del país. El Gobierno aprobó el pasado marzo la nueva Planificación Eléctrica hasta 2026, que contempla la ampliación y modernización de las redes de alta tensión durante los próximos años, con inversiones previstas de casi 7.000 millones de euros que debe ejecutar REE (integrada en el rebautizado holding Redeia).

El 58% de la energía instalada en España ya es renovable Pexels

Esa planificación oficial hasta 2026, que en la práctica se constituye en el plan de futuro de REE, por primera vez no tiene como su principal motivación atender un crecimiento de la demanda de electricidad, sino que coloca como su meta fundamental potenciar la producción renovable y maximizar el uso de la red ya existente gracias a nuevas tecnologías, especialmente baterías. Menos de un año después de la aprobación, el Ejecutivo prepara ya una actualización de esa hoja de ruta para incluir nuevas actuaciones que se consideran urgentes y estratégicas para facilitar la transición energética en plena crisis y que se han identificado después de poner en marcha el macroplán.

Endesa también ha decidido acelerar sus inversiones para crecer en renovables y electrificación, y en la nueva actualización de su plan estratégico recién aprobada se recogen inversiones por 8.600 millones de euros en los próximos tres años, un 15% más que en la anterior versión del plan publicada un año antes.

Más de la mitad de la inversión se destinará a impulsar las energías verdes, con más de 4.300 millones destinados a sumar 4.400 MW de potencia renovable en España y Portugal, hasta alcanzar un parque de 13.900 MW en 2025 (incluyendo los 241 MW de almacenamiento en baterías e hidrógeno verde).

«La aceleración de la electrificación de los consumos energéticos a partir de fuentes limpias se revela como la vía para lograr un sistema energético confiable en toda Europa», apuntó el consejero delegado de Endesa, José Bogas, en la presentación del nuevo plan de la compañía. La apuesta por la electrificación, que incluye 2.600 millones para digitalizar sus redes, irá acompañada también por una aceleración de la salida del negocio del gas natural.

Programa de desinversiones

Endesa y su matriz, la italiana Enel, ya habían anunciado su intención de abandonar la producción de electricidad con centrales de gas antes de 2040, y ahora trabajan en desprenderse también del negocio de la comercialización de gas. El plan de desinversiones del grupo italiano contempla la venta de la cartera de clientes de gas de Endesa, donde cuenta con 1,6 millones de contratos. «La electrificación va a reemplazar al gas en el gasto de consumo, es una tendencia que se va a acelerar debido a ese estoc enorme que el gas está creando en el mercado energético, debemos salir antes de lo previsto y también en España», sentenció el consejero delegado de Enel, Francesco Starace, para justificar la operación de venta.

Planta de biometano.

«Hace falta una electrificación basada en fuentes renovables, que son las únicas que son nuestras, autóctonas, predecibles en el precio y de largo plazo», subrayaba Rafael Mateo, consejero delegado de Acciona Energía, en El Periódico de Aragón. De hecho, la filial energética del grupo de la familia Entrecanales pretende duplicar el tamaño de su parque de energías renovables, hasta superar los 20.000 MW en 2025, fundamentalmente con eólica terrestre y fotovoltaica (pero con proyectos también de hidrógeno verde, eólica marina y otras alternativas), ejecutando inversiones por 7.800 millones de euros.

La eléctrica EDP, por su parte, se ha propuesto producir solo energía verde y con cero emisiones en 2030, adelantando a 2025 la desconexión de sus centrales térmicas y con ello reaprovechar esos emplazamientos para almacenamiento y producción sostenible. Un objetivo para el que ha elaborado un plan de inversiones de 24.000 millones que contempla ir sumando 4.000 MW cada año de nueva potencia renovable, así como la ampliación y mejora de su red de distribución, y el desarrollo de soluciones para sus clientes como la generación distribuida o para el vehículo eléctrico.

Neutralidad tecnológica

El sector energético se enfrenta desde siempre –y quizá para siempre– a la necesidad de alcanzar un equilibrio en ese complejo trilema tan enarbolado por las propias compañías y por los académicos: cómo garantizar la seguridad de suministro, cómo hacerlo a un precio razonable para no golpear la competitividad de las economías y de sus empresas, y cómo conseguirlo además utilizando fórmulas ambientalmente sostenibles.

La crisis energética y el choque frontal con Rusia han puesto todo tan patas arriba que han conseguido poner en cuestión los tres lados de este triángulo y desbaratarlos a la vez. La necesidad de reforzar la soberanía energética y abaratar la producción energética pasa a medio y largo plazo por impulsar aún más el despliegue de energías renovables (o de otras fuentes de energía que permitan la producción autóctona), pero a corto y medio plazo hay voces desde el sector energético que alertan de que hay que tener más en cuenta los costes y los riesgos para la competitividad para algunos sectores o algunas industrias de todo este proceso.

Repsol, la mayor petrolera española, y Naturgy, el mayor operador gasista, reclaman abiertamente que la transición energética hacia un sistema descarbonizado se haga con realismo en objetivos y plazos y con neutralidad tecnológica para no demonizar algunas energías para solo defender las renovables, a pesar de los ambiciosos planes de ambos grupos en este ámbito. Y es que las compañías defienden que descarbonizar no significa exclusivamente electrificar la economía, porque hay sectores clave (como el transporte aéreo y marítimo, la gran industria…) que van a tener que seguir utilizando hidrocarburos por la imposibilidad de electrificarse.

«No podemos prohibir algunas energías y sólo aceptar otras. Debe aceptarse el principio de neutralidad tecnológica» para que las empresas sigan innovando en la descarbonización utilizando todas las energías disponibles, defendió el presidente de Repsol, Antonio Brufau, en su intervención en el último congreso de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE) hace unos meses.

Plazos alcanzables

«Para la transición energética hace falta realismo para establecer objetivos y plazos alcanzables. Y transparencia sobre los costes, los precios y las hipotecas que se dejan con las decisiones que se toman», subrayó el presidente de Naturgy, Francisco Reynés, en el mismo foro defendiendo el papel estabilizador de las centrales de gas en la producción de electricidad frente a la intermitencia de las renovables.

Naturgy ha puesto el foco de su estrategia de crecimiento e inversión en el desarrollo de nuevas plantas renovables. El plan del grupo hasta 2025 contempla inversiones por 14.000 millones de euros, de las que más de un 60% (unos 8.700 millones) se destinarán al despliegue de renovables hasta alcanzar los 14.000 MW, el triple de la capacidad con que contaba hace un año; y cerca de un 30% (con 4.100 millones) se concentrarán en el desarrollo de redes, tanto eléctricas como de gas para hacer posible el boom de renovables y de gases verdes.

Conductos de hidrógeno verde Shutterstock

Del petróleo al verde

Repsol, que continuará con su negocio de exploración y producción de petróleo y gas pero con el objetivo de reducir la intensidad de sus emisiones un 75% hasta 2025, tiene en el despliegue de plantas de generación eléctrica renovable uno de sus pilares de crecimiento. Sin embargo, considera imprescindibles otras vías que faciliten la transición energética como el hidrógeno verde, los biocombustibles y otras herramientas de economía circular.

El grupo ha puesto en marcha una ambiciosa estrategia para reconvertirse de petrolera a grupo multienergía que contempla llegar a 2026 con al menos 6.000 MW de plantas renovables (un objetivo este que quizá puede quedarse algo pequeño tras la compra de Asterion Energies y sus 7.700 MW verdes en desarrollo). La hoja de ruta del grupo Repsol pasa por llegar a 2030 con una producción de biocombustibles reutilizando residuos de dos millones de toneladas en 2030 y por poner en marcha proyectos de hidrógeno renovable con 552 MW de potencia en cuatro años y de 1.900 MW al final de la década.

De hecho, el plan estratégico de Repsol contempla inversiones de 19.300 millones hasta 2025, de las que al menos 6.500 millones se destinarán a negocios bajos en carbono.

Cepsa, la segunda mayor petrolera del mercado español, también ha emprendido un proceso de reinvención hacia los negocios sostenibles. La hoja de ruta a largo plazo del grupo recoge inversiones de entre 7.000 y 8.000 millones de euros hasta 2030 para levantar plantas de hidrógeno verde con 2.000 MW de capacidad y otras de fabricación de biocombustibles con una producción de 2,5 toneladas al año, especialmente destinadas a descarbonizar el sector aéreo.

Y la compañía, controlada por el fondo soberano de Abu Dhabi (Mubadala), desarrollará proyectos de renovables para consumo propio con 7.000 MW de capacidad. Cepsa se ha marcado el objetivo de ir más allá de las cero emisiones netas en 2050 y alcanzar incluso un saldo positivo de descarbonización.

Redes para el gas del futuro

La transición del gas natural a los biogases y al hidrógeno renovable también marca la estrategia de transformación de los grandes operadores de redes gasistas. Enagás, el operador de la red troncal de transporte de gas en España, lanzó el año pasado un nuevo plan estratégico hasta 2030 que incluye 2.775 millones en sus actuales instalaciones de gas (12.000 kilómetros de gasoductos, siete regasificadoras…) para mejorar su eficiencia y ampliar su vida útil, así como en medio centenar de proyectos para entrar en la revolución de los gases renovables, tanto en hidrógeno verde como de biometano a través de la nueva filial Enagás Renovables.

La estrategia de futuro de Enagás incluía también de manera provisional otros casi 2.000 millones de euros para poner en marcha nuevas interconexiones internacionales de gas natural con Francia, Italia y Portugal, que luego se reconvertirían para el transporte de hidrógeno verde. Finalmente, los futuros tubos con Portugal y Francia solamente se utilizarán para hidrógeno renovable articulados en el nuevo corredor europeo H2Med pactado por los gobiernos de los tres países, y la conexión con Italia previsiblemente al final no se ejecutará.

Redexis ha lanzado un nuevo plan con inversiones de 1.000 millones de euros hasta 2026 para ampliar su red de distribución y transporte de gas, y sobre todo para adaptarla al uso de los gases renovables, así como para levantar una quincena de plantas de producción de biometano y varias decenas de inyección de biometano para terceros, así como una decena de plantas de hidrógeno verde.

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