A los 15 años Fotis Katsikaris debutaba en la A1 griega con el Ionikos Nikaia. Era un base que destacaba sobre todo en defensa y que llegó a jugar 197 partidos en la élite griega. Una carrera que acabó con una lesión que le llevó a los banquillos. Quería ser entrenador y con 29 años se retiraba en un buen momento de su carrera como jugador. Tenía todavía un año más de contrato con el Iraklio, pero no quería exponerse a un futuro lleno de lesiones cuando su pasión era ya tener una pizarra entre sus manos. Su carrera como jugador, y quizás también como entrenador, está marcada por un hombre: Kresimir Cosic, como contaba en una entrevista para la maravillosa revista «Skyhook»: «Yo era un petardo hasta que Cosic me cambió por completo».

Fotis afirma que la gran leyenda del baloncesto croata le transformó de un jugador egoísta a un jugador de equipo, con cabeza y que pensaba primero en sus compañeros. Eso es para el nuevo entrenador de Unicaja la clave: «Me enseñó a ser mejor compañero. Eso es lo más grande que puede conseguir un jugador... Hay estrellas, pero muy pocos buenos compañeros… Tener respeto dentro del vestuario es la clave para conseguir los objetivos». Su transformación fue tan radical en esa época que sus propios compañeros pasaron a llamarle «coach»: «Era muy pesado: siempre con preguntas, queriendo tener el control, sugiriendo para quien debíamos jugar o donde obtener ventajas… no tenía talento puro, pero si conocía el control del juego».

Con estos antecedentes la transición a entrenador fue sencilla, y más con la ayuda de grandes entrenadores de los que aprendió como asistente: Ivkovic o Sakota. Sus enseñanzas, más las que antes había guardado de su convivencia con Cosic, le definen como entrenador. «Para mí, la defensa es como el banco, donde tienes tu dinero con seguridad, y el ataque es como la bolsa, donde apuestas por algo y ganas o pierdes… aunque soy flexible y de mi equipo quiero sobre todo que tenga corazón».

Suenan pues aires de cambio en un Unicaja que si de algo ha adolecido en los últimos tiempos es de corazón. Aunque no todo será defensa y «cemento» con el nuevo entrenador, porque si por algo se caracteriza el griego es por dar libertad a sus jugadores y dejarles tomar decisiones. Trabajador y metódico es consciente de las limitaciones de su profesión y de la dependencia de sus estrellas, de ahí su gran trabajo psicológico con los jugadores: «Esta no es una profesión normal. Trabajamos mucho, tomamos decisiones lógicas, con instinto pero no depende de mí, depende de ellos. Si no metes un tiro libre, si pierdes un balón… y te voy a decir más. Podemos ganar con 1.000 errores míos porque va y mete 30 puntos».

Katsikaris llega a un banquillo ACB una vez más como apagafuegos, en medio de una crisis enorme de juego y resultados, y las otras 6 veces lo hizo muy bien y consiguió reflotar la situación de sus equipos. Esperemos que esta vez también ocurra, como antes pasó en Valencia, Bilbao, Murcia o Tenerife. Una tarea que sería mucho más fácil si el club se decide por fin a afrontar la gran carencia que tiene la plantilla: Un 5 de verdad. Un jugador que forme pareja interior con Deon Thompson y que requiera la atención de las defensas para que todo el arsenal exterior del Unicaja luzca en su máximo esplendor.

Yo tengo mi favorito, no sé si es posible, pero ahí lo dejo: Greg Monroe. La ex estrella de la NBA lleva un mes sin jugar, buscando una salida del Khimki ruso, y podría ser un jugador diferencial en la ACB y en la Eurocup. Pero esto ya es baloncesto ficción. La pelota está ahora en la agenda de Manolo Rubia, que con la cantidad económica que le autorice el consejo, tendrá que hacer magia una vez más para traer talento a este equipo. Sus últimos éxitos le avalan. Espero que esta vez también acierte. Suerte… y poneros la mascarilla.