Clase de gramática. La política, una vez superado y amortizado el terreno ético, es un campo abonado para la semántica. A mi, al menos, me encanta y como he pasado tanto tiempo viendo sus ‘tejemanejes’ por dentro y por fuera, no dejo de admirarme ante la poca originalidad que gastan. Eso hasta el otro día en el que por fin disfruté de la sonoridad de un verso suelto de manos del alcalde de la capital de mi tierra, Julio Millán. Me vais a perdonar que haga un poco de patria en este periódico malagueño, con permiso de mis compañeros y amigos, pero Jaén bien merece una columna, la verdad; aunque sólo sea por el tiempo que nos dedicó el maestro Hernández. Ahora vamos al grano.

Como buen ‘plumilla’ venido a menos con años de más y un colmillo retorcido -sólo uno-, poco a poco me voy convirtiendo no en mejor periodista -Dios me libre-, pero al menos sí en estupendo observador. Me encanta la clase dirigente. Esos que dicen que elegimos cada cuatro años, cuando en realidad lo que hacemos es votar a los que ellos nos ponen, que es como una ficción de la democracia, que no obstante siempre es mejor que una dictadura; que queda muy bien de cara a la galería pero en la que, como en un ‘tute’ o en un dominó de jubilados, no paran de hacerse trampas entre ellos mismos, pues siempre guardan una carta o una pieza en la manga ancha de la chaquetilla de pana; la misma que llevaba Felipe.

En fin… Ahí están en el ‘candelabro’, como diría una; los que dicen, defienden, sostienen y claman pero; al igual que el cura malo, rara vez se aplican aquello que predican porque… «no estamos para rigores; las fatigas que las pasen otros»; claro. Pues bien; después de mucho ver y pensar me he dado cuenta de que, como ocurre en la escena de la peli de ‘Forrest Gump’ y las gambas; la política y las/los pelotas -más allá del sentido esférico del término- están muy pero que muy relacionados.

Resulta que contamos con ‘políticos en pelotas’ -se han visto en las playas de Mallorca y en otras de algún paraíso cercano-; ‘política con pelotas’ -algo he leído en las columnas de Pérez Reverte-, y los que hacen política con las pelotas -no paran de programar fútbol-.

Dicho esto, acaba de aparecer una ‘rara avis’ que no encaja en ninguno de esos supuestos. Pero claro, esto en Jaén no me extraña. Hablamos de un político que no hace la pelota. El regidor de la capital del Santo Reino le ha echado ‘pe…’ (coraje) y en un enorme ejercicio de honestidad, respeto y lealtad a sus conciudadanos -conociendo sus raíces no me extraña -, le ha plantado cara a la plana mayor de Ferraz para denunciar el pucherazo militar de la vicepresidenta de Vogue. En Canal Sur tuve la oportunidad de escuchar, volviendo de Málaga, su rueda de prensa lamentando cómo se alejaba una de las oportunidades más importantes de las últimas décadas para la ciudad. Otra más. El centro logístico del Ejército de Tierra, un proyecto clave en términos de inversión y puestos de trabajo, viraba hacia el Califato de Córdoba por obra y gracia del ‘dedazo’ de la vice, que se ve que espera un retiro dorado en la tierra de Almanzor.

Conociendo el paño, no me extraña; la verdad. Aún recuerdo la primera vez que la vi en persona. Comenzaba yo en el oficio como ‘reporterillo’ de una emisora de televisión local granadina y en el parte del día el jefe de redacción me encasquetó la cobertura de la inauguración de la excavación arqueológica de Galera -año 2003, un yacimiento de la Edad del Bronce al que llegó la ‘Superconsejera’ de Cultura Calvo, melena al viento, con sus buenas galas y unos zapatos de tacón que a las primeras de cambio se le quedaron enganchados en la solería metálica de agujerillos por la que caminábamos para no estropear el yacimiento. Tras el primer tropiezo y en un alarde de dignidad se los quitó y esbozando su mejor sonrisa a cámara, tiró de gracejo andaluz para concluir con un «¡se acabó el problema. Descalza!». ¡Qué buen rollo! Algo así debió ocurrir en la reunión de la Secretaría General del Ministerio de Defensa, cuya titular ya había prometido la instalación del centro logístico en Jaén -hecho confirmado por el propio Millán-. Supongo que la vice se quitó también los tacones de Prada y les espetó a la responsable del ‘negociao’ el clásico «se ha acabado el problema. Esto para el Califato, que mi puesto bien merece una Taifa». Ya veremos. Por lo pronto, toda mi solidaridad con Jaén, con el paisano Julio Millán y mi enhorabuena por su defensa de la tierra en un David contra Goliat que seguramente acabará mal. Algo está claro a estas alturas: En política; no TODOS son PELOTAS.