En esta urbe, aún con los ojos del corazón irritados por el inclemente incendio en el núcleo mismo donde cohabita desde hace más de medio siglo la veneración por los libros y sus autores: Proteo, el calor de esta primavera aturdida comienza a derretir las rejas imaginarias del enclaustramiento sobrellevado a causa de la maliciosa pandemia. Apenas una semana les ha bastado a muchos para percibirlo como algo lejano, distanciado de un tiempo en el cual padecimos una gran alteración en nuestro eje vital; un mundo puesto al revés, invertido al orden regular, que genera un reflexivo cambio de actitudes y emociones para afrontar tantas pérdidas tras lo acaecido. Para iniciar este proceso de volver a imaginarnos, además de disponer de los recursos precisos, deberíamos contar con el favor de las musas –seres divinos como fuente de inspiración para los diferentes creadores en las artes y las ciencias -, hijas de Zeus y de Mnemósine, una titánide que representaba a la memoria. Nueve jóvenes festivas y alegres quienes descendían a la tierra para musitarles ideas y soluciones creativas al oído de los perplejos mortales. Si éstos eran avezados para escuchar sus consejos, concebían obras que despertaban admiración. Con el ánimo de reavivar su fascinación y hasta el próximo 2 de junio, Málaga, de nuevo, se transfigura en musa. La Opinión de Málaga y Prensa Ibérica, con el patrocinio de consistorios, instituciones, sindicatos y empresas, han organizado en la calle Larios la exposición ‘Málaga inspira’, una miscelánea estructurada por 32 imágenes asociadas a citas que invocan a Málaga. La voluntad de la muestra es concienciar a todos, oriundos y foráneos, del potencial de la identidad de esta capital milenaria: cultura, turismo, gastronomía, moda… y promover la revitalización económica desde el interés de todo lo que proyecta lo malagueño e intensificar su imagen. Ya saben: Málaga, sin ir más lejos.