Desde que se detectó la pandemia y se empezaron a difundir los primeros datos procedentes de la ciudad china de la Wuhan empezaron a sonar las alarmas por lo que se preveía que podría suceder en otros lugares del mundo, como así ha ocurrido. Lamentablemente hemos tenido que sufrir, y seguimos sufriendo sus terribles consecuencias. Los laboratorios farmacéuticos de medio mundo han estado trabajando a marchas forzadas para lograr vacunas eficaces, que afortunadamente han conseguido desarrollar dentro de los plazos previstos y con unos resultados muy esperanzadores, que animan a pensar que este gran problema de salud planetaria podrá estar resuelto si se pueden administrar las dosis precisas a toda la población mundial en un margen de tiempo razonable. Hay que reconocer el esfuerzo y la eficacia de los científicos que lo han hecho posible, y agradecerles que podamos mirar al futuro con menos miedo y una mayor dosis de optimismo, también muy necesaria.