Fue con cincuenta ‘tacos’ cuando me convertí en alumno universitario, y tras unos años -creo que fueron tres- obtuve la licenciatura en Ciencias de la Educación; tenía un servidor interés en no irme a visitar el ‘patio de Frasquito’ sin tener esa experiencia vital de la que carecía por mor de los tiempos del franquismo y la imposibilidad de hacerlo a la edad apropiada en Melilla, lugar donde en mi mocedad solamente podías estudiar Comercio o Magisterio.

Finiquitada mi etapa política, incorporé el tiempo a mi antiguo destino: el histórico Grupo Escolar ‘Bergamín’ (estoy obligado a escribir un día sobre él); pero el enorme edificio y sus cerca de mil alumnos se quedaban cortos para llenar mañana, tarde y noche mi deambular; de manera que me dije: «venga Pepe, te llegó la hora».

La verdad es que fue un trienio maravilloso: me sentí joven, se ‘estudiaba’ en grupos y recuperé ‘energías’ que creía ya debilitadas. Y me concedieron el título que me facultaba como ‘enterao’ en cosas de pedagogía, aunque éste ya lo había adquirido en ‘escuelas unitarias’ durante los tiempos duros del franquismo.

Ahora que el ministro Castells se ha arremangado los puños de la camisa y, por fin, se ha lanzado al ‘tajo’ con su nueva Ley de Universidades que, por cierto, ya está dando para habladurías de toda índole; la educación va a cambiar un ‘rato largo’, y ustedes que lo vean y disfruten.

Resulta que el copieteo no será sancionable, y por ello la ‘chuleta’ -no la que agrada a nuestro presidente Sánchez- se va a convertir nuevamente en lo que siempre fue: ‘una obra de arte’.

A mi edad y con mi rosario de achaques, esto de Castells no me enfada lo más mínimo, pues la que enseña de verdad es la vida.