La pandemia ha disparado el desarrollo y descarga de las aplicaciones (apps) para móviles y otros dispositivos similares. Según la web Statista, al finalizar el primer trimestre de 2021 había casi 3,5 millones de aplicaciones disponibles en Google Play, y más de 2,2 millones en la App Store. Unas cifras que dan vértigo.

Para entender el volumen de la llamada App Economy, o el mercado que se mueve en torno a estas aplicaciones, es bueno consultar, por ejemplo, los informes de App Annie. Según el más reciente, durante el año pasado se produjeron 218 mil millones de descargas, con un volumen de negocio de 148 mil millones de euros. Pero lo más importante es que se ha disparado el tiempo de uso de los móviles -desplazando al consumo de televisión-, el gasto en aplicaciones para móviles y la inversión de capital riesgo en el desarrollo de nuevos productos.

En este punto, es necesario describir cómo funciona este mercado. Los desarrolladores de aplicaciones para dispositivos móviles tienen dos fuentes principales de ingresos. Por una parte, las ventas por descargas de sus aplicaciones, y por otro los ingresos por la publicidad destinada a sus usuarios o clientes. El primer mercado es mucho menos lucrativo que el segundo. Por lo tanto, el modelo de negocio se orienta más hacia las descargas gratuitas para conseguir muchos usuarios y aprovechar esa masa crítica y el tiempo de uso para vender la publicidad que antes iba a la tele y la prensa.

En el caso del mercado de descargas, los llamados gatekeepers (guardianes de acceso) son la Apple Store y Google Play, que cobran comisiones estrafalarias debido a su poder de mercado. Ahí está la base de los pleitos de Epic Games (Fortnite) contra estas plataformas, y las recientes declaraciones de su CEO, Tim Sweeney, para acabar con este cuasi-monopolio. Pero el mercado de la publicidad es mucho peor, ya que está muy concentrado en Google. Las autoridades de la competencia han calculado que más de un tercio del mercado publicitario digital se queda en manos de las grandes plataformas, esto es, de Google, Facebook, Apple y Amazon, cuya participación en el pastel publicitario no deja de crecer. De ahí algunos movimientos camuflados de ética, como el anuncio de Apple de ofrecer a sus usuarios la opción de rechazar los tracks de Facebook que permiten la rentable microsegmentación publicitaria. A medida que la tarta aumenta, todos quieren un pedazo más grande. El juego limpio tiene los días contados.