Pasó la ‘nochebuena’, alcanzamos la Navidad en su esplendor, tragamos doce uvas para festejar un nuevo tiempo, llegaron los Reyes Magos dejando en su itinerario regalos de toda especie; a mí en particular me obsequiaron con tres cajas de mascarillas, una docena de test antígenos y dieciséis test PCR, para comprobar si padezco la ‘flurona’, una especie de cóctel de ‘gripe más covid’ que los expertos anuncian como la próxima ola.

Cómico futuro el que describen la mayoría de medios de comunicación y del que, poco a poco, el pueblo va pasando entre bullas, cabalgatas, besitos, brindis y que ‘pase lo que pase’ por aquí -afirma- en este paraíso vamos a estar tres días mal contados.

Por ello quiso el azar y Pedro Sánchez que tuviésemos un gobierno de coalición de izquierdas para no aburrirnos y nombró ministros con los que pasar el tiempo sin tedio, entre ellos puso al joven Garzón, Alberto, al frente de Consumo, que para lo que se come, compra y vende en España, con una Dirección General sería suficiente.

Alberto es de izquierdas, o sea, no es de Podemos, aunque comulga con los ‘morados’; dicen que es comunista -un servidor de esto entiende poco- pero creo que pertenece a Izquierda Unida, aunque el PCE sigue y con un secretario general de nombre Enrique Santiago, por lo que no me atrevo a definir a Garzón políticamente.

Esencialmente porque propuso una huelga de ‘juguetes’ para que la ‘Mariquita Pérez’ tuviera un par de pistolones; otro día nos comentó que no deberíamos ingerir chuletones en su punto, a lo que Sánchez le contestó que a él ni Dios le quitaba un buen chuletón. Y ahora, por último, ha denunciado en una rotativa inglesa que la industria cárnica española es un despropósito de ‘caca’ que exportamos. ¡Viva España!