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La Opinión de Málaga

José María de Loma

Clase media monárquica

El Rey publica su patrimonio. Transparencia obligada para sobrevivir como institución

El Rey Felipe VI desvela su patrimonio

El Rey Felipe VI desvela su patrimonio

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El Rey Felipe VI desvela su patrimonio Jose María de Loma

El Rey ha hecho público su patrimonio. Clase media monárquica. Qué tiene el Rey, dónde vive, qué ha comprado y en qué ha invertido. Los asuntos que antes traía el Hola o el Boletín de la Bolsa ahora irán al portal de transparencia. Un síntoma de modernidad de una institución anacrónica. El Rey publica su patrimonio y el mensaje es no voy a enriquecerme como mi padre y si me enriquezco lo váis a notar. La Casa Real han mandado sus cuentas a todos los partidos «constitucionalistas», incluido Podemos, que no cree mucho en esta Constitución ni en la Monarquía ni en la Transición. Tanto no creer en cosas, a veces la izquierda tiene dogmas inversos. También a Vox, que es monárquico pero, suavemente dicho, no cree nada en la arquitectura institucional actual.

ERC y Bildu se han quejado de no recibir las cuentas. Total, para que las critiquen, debió pensar el emisor desde palacio de cartas, e-mails o lo que fuera. Cuando un nacionalista oye la palabra Rey busca un micrófono en el que despotricar o sacude el rostro con denuedo, como cuando nos cae agua o pelusilla, no sea que se le haya quedado cara de súbdito. Del Rey abajo, ninguno. Con ese patrimonio.

No se ha publicado lo que aporta Letizia, a la que se le suponen algunos ahorros y un piso adquirido en sus tiempos de periodista. No es solo lo que tienen. Es también lo que no pagan. Lo que se ahorran. No tienen nada a su nombre, dicen los panegiristas. Pero disfrutan de numerables inmuebles patrimonio del Estado. No es una monarquía cara, cierto. El Rey gana menos que algunos famosos locutores. Menos seguramente que Piqué y menos que un consejero delegado de éxito. Un Rey nace. Pero se hace. Se hace el campechano y el transparente, el moderno. O sea, se adapta o acaba en Dubai. Eso ahora, antes, guillotinado o en el exilio. No son esos tiempos, afortunadamente. Lo que nos gusta es tener un nuevo asunto de conversación. Qué sería de nosotros si no en los ascensores. Buenos días.

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