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La Opinión de Málaga

Javier Cuervo

Artículos de broma

Javier Cuervo

Marketing de fuego

Policía en el operativo en el centro escolar de Uvalde. REUTERS

Hay ideas locas que le vienen genial al mercado. Toda la ideología de las armas en Estados Unidos, basada en la desconfianza hobbesiana hacia la especie, que fundamenta el principio de la competencia en la continua lucha contra el prójimo, estimula la venta de fusiles y pistolas en cada matanza. ¿Cómo un chaval puede tener un arma y usarla para matar escolares? Porque a esos escolares y a sus profesores no se les ha dado un arma para defenderse del chaval.

Las matanzas son un reclamo para la venta de armas por dos temores: no tener una pistola ante un atacante y que se dé una escasez de fusiles porque los demócratas saquen adelante restricciones que impidan comprarlos. Los fabricantes de armas se benefician del marketing de la matanza racista, de la masacre escolar y los consumidores no esperan al fin de semana para ir a la armería, esa tienda de bricolaje inverso.

Según esta estrategia maximalista, las matanzas acabarán cuando cada estadounidense tenga un arma y, si no es así, será que necesita dos.

–Nunca pensé que fuera para matar a nadie, repiten los dependientes que despacharon las armas al asesino de masas.

Pudiendo comprar un fusil de asalto para componer una sinfonía ¿cómo se les ocurre utilizarlo para exterminar a tercero B de primaria?

Estas historias de violencia son consecuencia de otras historias de brutalidad social, de inadaptados, de abusados, de víctimas llenas de odio y de rabia, porque la violencia engendra violencia e induce a la compra de armas, la solución para el problema en Estados Unidos como en ningún país en paz más en el mundo.

Como los armados creen en el demonio, no les sorprende que estos abusados conviertan en realidad sus fantasías violentas pero una cosa es imaginar que se masacra un aula de párvulos y otra ser capaz de matar y matar y seguir matando sin que la sangre, las lágrimas, los gritos y la inocencia les saquen de la fantasía. Para que eso se dé hace falta la cultura de realidades y ficciones violentas que se produce en Estados Unidos y se exporta al mundo entero.

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