Kiosco

La Opinión de Málaga

José María de Loma

El afable barón andaluz

El político malagueño completa (¿completa?) su carrera política con una mayoría absoluta en Andalucía. Es la cima, tras comenzar en el año 1995 como concejal de Juventud y Deportes en Málaga capital. Luego sería presidente de Nuevas Generaciones, diputado, secretario de Estado, senador y finalmente presidente de Andalucía. Revalida el cargo merced a su campaña tranquila, sin estridencias

El presidente del PP-A y candidato a la reelección Presidencial de la Junta, Juanma Moreno clausura el acto de cierre de campaña del PP para los comicios autonómicos del próximo día 19 en Sevilla a 17 de junio del 2022 Eduardo Briones - Europa Press

Se empeñaba en que todos lo llamaran Juanma, lo ha conseguido, viene desgastando el adjetivo afable y es malagueño del año 1970. Nació a la vera del Nou Camp, en Barcelona, donde sus padres habían emigrado y regentaban un pequeño negocio. Volvió a la ciudad andaluza con apenas dos meses. Es graduado en Protocolo. No es un intelectual, pero sí un hombre con inteligencia emocional que escucha y aprende y deja que los malos sean otros. Al escritor Antonio Burgos le encantaba zaherirlo en sus columnas llamándolo Moreno Nocilla. Por blando. Lo hizo hijo predilecto de Andalucía .

Juanma Moreno completó el itinerario típico que antaño fomentaban las grandes organizaciones políticas a modo de cantera, PSOE y PP, para sus cachorros: afiliación a la rama juvenil del partido, en este caso Nuevas Generaciones. Cuitas orgánicas, triangulaciones, concejal en la ciudad de Málaga en el año 1995 para llevar las áreas de Juventud y Deporte. A continuación, presidencia de la organización a nivel nacional. Diputado por donde me manden (lo fue por Cantabria), entre 2000 y 2011; secretaría ejecutiva del partido con despacho en Génova. En la época, ahora lo sabemos, más controvertida del partido. Y al fin, el maná: Secretaría de Estado en un Gobierno de Mariano Rajoy. La de Servicios Sociales. Por su paso por este cargo es por donde le vienen con frecuencia los ataques más descarnados, ya que sus adversarios lo acusan de haber recortado fondos de diversos programas sociales. De 2014 a 2017, para tener sustento y preeminencia protocolaria (lo que se hizo con Juan Espadas recientemente) fue senador. Tras ese currículo político, completado casi siendo aún un joven, lo que hoy en día significa ser joven, le llegó finalmente una misión. Hace casi cuatro años. Misión en la que ni los que lo mandaron ni él creían mucho: ser candidato a presidir Andalucía luego de que Arenas, desgastado, no lo consiguiera en las cuatro veces que lo intentó. Los casadistas esperaban su derrota en 2018 para rebanarle el cuello al que era un sorayista de pro. Pero quién se acuerda hoy de Casado.

Tiene suerte Moreno. Estrella. Baraka, como le adjudicaban a Zapatero. Y ha sabido aprovecharla.  

Moreno es el hombre de la calle. Casi ha adoptado el lema de Arenas: una semana, dos provincias. Viaja, bromea, pasea, interpreta (porque seguramente lo es) el papel de hombre normal mientras deja que sus fontaneros se fajen, tomen decisiones duras y crean que ejercer el poder es nombrar delegaditos en provincias, firmar en los boletines oficiales, sentarse culiferro en los palcos o alcanzar a poner en la tarjeta de visita la palabra vicepresidente. El poder es juguetear con todo el mundo durante meses a cuenta de la fecha de las elecciones. Eso hizo entre enero y y mayo de este año. Manejar egos. Y magrear y manejar el asunto. Tras casi cuatro años en el poder con Ciudadanos como socio y con el apoyo externo de Vox, gente a la que personalmente detesta, el destino le ha hecho otro guiño interesante: se le adjudicaba el papel de rehén de los ultras. Ahora es su dique de contención. Veremos cuánto aguanta Macarena Olona como diputada rasa de la oposición. Moreno ha galvanizado el voto útil. No solo ha succionado el de Ciudadanos entero. También ha conseguido el de muchos socialistas que habrán entendido que mejor un gobierno a solas del PP que un gobierno PP-Vox. La figura política de Moreno, casado y con tres hijos, que mantiene casa en Málaga, donde vive su madre aunque él reside habitualmente en Sevilla, se agranda y ya es el barón más importante del PP. Fue músico en su juventud, alcanzando aceptables cuotas de ligoteo con el grupo Cuarto Protocolo, pero ahora lo que ha afinado es al PP andaluz, al que se le achacaba siempre no tener implantación en el ámbito rural o interior. Ahora le sobra. A la ligera se habla de vuelco andaluz pero el PP ya llevaba muchos años gobernando las grandes ciudades y no pocas diputaciones. Además de que en 2018 Ciudadanos sacó 21 escaños, lo que da idea de la magnitud por aquel entonces ya del conjunto del voto conservador, centrista, dado que el PP sacó 26. Moreno ha sabido rodearse bien. Especial papel interpreta Elías Bendodo, ahora tres del partido a nivel nacional. Hombre de su confianza, expresidente de la Diputación de Málaga y hasta ahora fontanero político mayor desde su cargo de consejero de Presidencia. Él ideó el reparto de papeles y él ha dirigido la campaña. Moreno ha sintonizado plenamente con Feijóo, que toma este triunfo como algo personal por lo mucho que se ha implicado. Dijo que se haría un tatuaje si sacaba mayoría absoluta. Moreno, no Feijóo. Pero lo que se habrá grabado a fuego será esta noche. Entendió pronto que un andalucismo light, un fuerte regionalismo no soberanista, estilo PSOE en sus años gloriosos, estilo Feijóo en Galicia, era lo propio y transversal. El producto político más vendible. Con eso y el discurso de bajar impuestos, combinado con ataques a Sánchez y la letanía de que ahora Andalucía es locomotora ha cimentado su imagen estos años. Era el único hombre de su generación que quería tener ya 55. Los ha superado.

Compartir el artículo

stats