LA CAÍDA DE LA NATALIDAD, BUENA NOTICIA

Estos días los medios informan que la natalidad española en el primer semestre ha sido la más baja desde que se tienen registros. Y lo hacen dando la sensación de que se trata de un grave problema. Se diría que aún no hemos aceptado la devastadora tesitura en que se halla la humanidad. En realidad, es parte de la solución que podría retrasar el ecocidio; porque... medite en los recursos que consume en un sólo día: agua, energía, alimento, ropa, vivienda, desplazamientos, basura... y, si fuma, el aire que envenena, el CO2 que expulsa y las contaminantes colillas que desecha. Ahora multiplique su huella ecológica y de carbono por los 8.010 millones de humanos que habitamos el planeta. ¿Es viable? El capitalismo es insaciable y necesita cada vez más consumidores. Un suicidio. Ya padecemos las terribles consecuencias de este proceder. Mientras este mundo no sea sostenible, debería controlarse la natalidad. Si no fuera porque hay inocentes de por medio –los peques–, nos merecemos lo que nos pase.

Miguel Fernández-Palacios Gordon. Málaga

DE EXORCISTAS Y POSESIONES

Las cosas que tenemos nos poseen. Si nuestra economía nos lo permite, podemos ser dueños de una casa, de un coche, de un garaje, de un local, de una nave, etc. Y esto requerirá de nuestro cuidado y atención para mantenerlo en perfectas condiciones de uso. Pero no nos importa porque estas y otras cosas parecidas nos dan comodidad y seguridad y pueden ser indispensables para el desarrollo de nuestro trabajo. Pero, hemos de saber que si algún día queremos irnos a vivir a otra ciudad, tendremos que vender muchos de esos bienes. De lo contrario, habrá que acudir periódicamente a esos lugares de origen para mantenerlo en óptimo estado, pagar todos los gastos y atender los problemas que puedan surgir. Si los alquilas, tendrás que reparar o cambiar lo que a tu inquilino se le vaya estropeando con el paso del tiempo. Esto será así si tu inquilino te sale buen pagador. De lo contrario, tendrás que andar con abogados y juicios para echar a tu arrendatario. En cualquiera de estos casos, tu paz se verá mermada. Ahora, imagina que tienes dos casas: una en la ciudad donde vives y otra en la montaña o en la playa. En primer lugar, te verás obligado a ir allí periódicamente a darle un repaso: ver si se metieron okupas, ladrones, alguna rotura, hielo en las tuberías, etc. Y si por jubilación, divorcio o muerte de algún miembro de la familia quieres cambiar de forma de vida, estos bienes serán un obstáculo. Será entonces cuando pagarías lo que fuera a un exorcista para que te libere de tus posesiones. Será entonces cuando recuerde a Regan MacNeil.

Venancio Rodríguez Sanz. Málaga