NO HAY QUE TENSAR DEMASIADO LA CUERDA

Todos hemos sentido en algún momento la sensación de estar suspendidos de una cuerda más o menos tensada, una tensión que depende en buena medida de nuestras actitudes, de nuestros comportamientos y de nuestras reacciones.   Vivimos, en mayor o menor medida, pendientes del grado de tensión que soportemos, sin ser del todo conscientes de que la cuerda se puede romper, y de que podemos precipitarnos al vacío.   Parece más seguro alejarse del precipicio que acercarse al borde, pero no es lo mismo comerse y beberse la vida que verla pasar y cual asume esta circunstancia a su manera. Los hay que prefieren vivir toda su vida estresados y quienes hacen todo lo contrario para no correr excesivos riesgos.   Quizás ni lo uno ni lo otro sea lo más apropiado, aunque no tengo muy claro si la respuesta está en el buscar el equilibrio porque, al menos en mi caso, y creo que una gran mayoría de personas, este es bastante inestable. 

Enrique Stuyck Romá

Málaga