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Antonio Papell

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Italia, en el despeñadero

Este domingo se celebran elecciones generales en Italia, tras la dimisión de Draghi el pasado julio, después de que el parlamento, que lo había elevado a tal responsabilidad, decidiera retirarle la confianza. Es obvio que todo puede ocurrir en el complejo sistema electoral italiano, pero las encuestas dan por hecho un inevitable gobierno de derechas encabezado por Giorgia Meloni, la lideresa del ultraderechista Hermanos de Italia, partido heredero de la Alianza Nacional y del Movimiento Social Italiano (MSI), fundado este en 1946 tras la muerte de Mussolini (por cierto, el mes que viene se cumple el centenario del golpe fascista de Mussolini). Los compañeros de viaje serían la Liga de Salvini y Forza Italia, el partido de Berlusconi. El hecho de que formen coalición, les proporciona una gran ventaja en el cómputo.

En julio, cuando se anunció la dimisión de Mario Draghi, primer ministro de un Gobierno de unidad apoyado por la mayoría de las fuerzas parlamentarias de Italia, y la posterior celebración de elecciones, las encuestas apuntaban a un empate entre la dirigente ultraderechista y el Partido Democrático, que se postulaba como la opción con más apoyos en el espectro ideológico de la izquierda.

No obstante, en las últimas semanas, la tendencia de los socialdemócratas del PD, encabezados por el ex primer ministro Enrico Letta, ha ido a la baja, mientras que Meloni aparece en las encuestas como la candidata más votada, siendo previsiblemente apoyada por el 25% del censo, según la media de los sondeos electorales. Por su parte, el apoyo a Letta ha caído en más de dos puntos desde la convocatoria electoral, lo que dificulta su ascenso al palacio Chigi, sede de la presidencia del Gobierno.

En el campo de la derecha, el resultado que obtenga la Liga de Matteo Salvini será trascendental para que Meloni gobierne y, por el momento, la mayoría de encuestas señalan un retroceso en intención de voto al que llegó a ser vicepresidente y ministro del Interior tras las últimas elecciones legislativas en el país.

Por el contrario, el bloque de la izquierda sueña con una resurrección a última hora y las últimas encuestas señalan una ligera mejora en el resultado del Movimiento 5 Estrellas. Su líder, Giuseppe Conte, fue uno de los causantes principales de la caída del Gobierno Draghi pero aunque su campaña parecía estar atrayendo a los votantes de izquierda el optimismo es escaso.

En medios económicos y financieros, la posibilidad de que uno de los países ‘grandes’ de la UE esté dirigido por una neofascista no preocupa en demasía, sobre todo porque Hermanos de Italia ha suavizado su posición al respecto para tranquilizar a Bruselas y a los principales grupos de presión italianos. En general, la extrema derecha se conforma en Europa con extender su intolerancia, con desacreditar el humanismo democrático, con practicar un nacionalismo viscoso e inhumano. Y eso ha hecho Meloni, hasta el punto de que la prensa económica se comporta con tranquilidad. Asimismo, el hecho de empoderar a una mujer disimula el machismo y el antifeminismo que rezuma de este populismo ultra. Como recordaba el periodista Jorge Fauró, «Ocurrió con Sarah Palin y su tea party en Estados Unidos; con Marine Le Pen en Francia; con Pernille Vermund en Dinamarca; y, pese a cosechar estridentes fracasos, con Rocío Monasterio o con Macarena Olona en España».

Pero no hay que dejarse engañar y o olvidar el mensaje explícito que Meloni dejó en España en una reciente visita durante la campaña andaluza, invitada por VOX, y que está bien guardado en las hemerotecas: «Sí a la familia natural, no a los lobbies LGBTi; sí a la identidad sexual, no a la ideología de género; sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte; sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista; sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva; sí a la soberanía de los pueblos, no a los burócratas de Bruselas; y sí a nuestra civilización, y no a quienes quieren destruirla». Todo un detestable mandato de intransigencia, autoritarismo y retroceso de nuestra civilización.

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