Un año más, las aguas bajan revueltas por el río Ebro. La sufrida pero siempre animosa afición del Príncipe Felipe no está nada satisfecha con los resultados cosechados hasta el momento y la temporada no ha empezado de forma favorable para el conjunto zaragozano. El retorno de Porfi Fisac al banquillo y las dos recientes victorias conseguidas no dejan satisfecha a la marea roja que reclama se haga una apuesta valiente por el descollante talento que atesoran Aday Mara y Lucas Langarita, las dos últimas perlas salidas de la prolífica cantera aragonesa.

Varios son los jóvenes formados en las categorías inferiores del baloncesto de Zaragoza que durante los últimos años están haciendo carrera al más alto nivel. Los más brillantes, Carlos Alocén y Jaime Pradilla, ya han conseguido debutar con la selección absoluta española, mientras que los bases Javi y Sergi García está plenamente asentados en la ACB. Incluso el checho Vít Krejcí, que llegó al club č rojillo para disputar una Minicopa, sigue en su aventura NBA y actualmente forma parte de la plantilla de Atlanta Hawks.

El enorme trabajo que se realiza en los equipos de base en Aragón es fruto de una larga y prolífica tradición que hace más de 35 años llegó a situar al CB Zaragoza en la primera línea de las canteras nacionales. Durante un exitoso trienio se forjó un equipo mayúsculo concebido gracias al trabajo inicial del carismático e inolvidable Quino Salvo y continuado por una figura legendaria del baloncesto en Zaragoza como es José Luis Abós. Un grupo de amigos, todos de la región, que compitieron de tú a tú gracias a su trabajo y talento, a los grandes dominadores de esas categorías hasta el momento: Barça, Penya y Real Madrid. Y hablamos de un campeonato júnior al que únicamente accedían los ocho mejores clubes de todo el país, con 5 plazas reservadas para Madrid y Cataluña. Y el equipo maño siempre estaba ahí.

El primer año dieron la campanada. Corría mayo del 84, y en la localidad alicantina de Calpe se disputó una reñidísima final ante al Joventut de Rafa Jofresa y Montero. El fantástico juego desplegado por el CAI a lo largo del campeonato se confirmó en la final para alzarse con un entorchado donde Raúl Capablo fue designado mejor jugador, Paco Zapata se erigió como máximo anotador y Abós fue el mejor entrenador.

Esa primera victoria se refrendó al año siguiente en el Pabellón de La Casilla de Bilbao. El equipo aragonés era el máximo favorito y revalidó título tras otra épica final. Un FC Barcelona que contaba con enormes talentos de la talla de Ferrán Martínez o Xavi Crespo, pusieron contra las cuerdas a un CAI que superó todas las adversidades que se encontró. Durante bastantes minutos perdió a Paco Zapata, su mejor baza, por una lesión muscular pero la genial exhibición de Joaquín Ruiz Lorente (35 puntos) permitió que el equipo maño consiguiera un doblete histórico.

En 1986 en un campeonato que acogieron como anfitriones, el título se le escapó al CAI Zaragoza en la segunda mitad de la final. Esta vez el Barça que se mostró muy superior gracias a la imponente figura de Ferrán Martínez, quien anotó más de 30 puntos. Pese a la derrota, el logro alcanzado les permitió concluir con gran sabor de boca una irrepetible gesta que ha pasado a la historia del baloncesto aragonés.

Más allá de la carrera que varios jugadores pudieron hacer en ACB e incluso en la selección, el fruto de su trabajo se reflejó en 1990 cuando el CAI Zaragoza conquistaría la Copa del Rey por segunda vez con una plantilla en la que todos los jugadores nacionales (por aquel entonces únicamente se permitían dos extranjeros por equipo) habían pasado por las categorías inferiores mañas.

Como bien sabemos en Málaga, la identificación de la afición con los jugadores locales supone un factor muy positivo para el crecimiento de un equipo y de un proyecto que, en el caso del club aragonés, también se sigue construyendo sobre la identificación y el valor de una cantera de verdadera categoría.

La Peque–Columna (Simón R.J.)

¿Sabías que Joaquín Ruiz Lorente jugó en Unicaja desde 1991 a 1993?