El Unicaja dio hace unos meses un golpe en el mercado de fichajes. Para todos fue inesperada la incorporación de Jonathan Barreiro, 24 años y 2.03m. de altura, a la plantilla 21/22 de Fotis Katsikaris. Su llegada suponía una apuesta de presente y sobre todo de futuro con un contrato de tres temporadas. Además, su juventud le hace ser uno de los jugadores más interesantes del panorama nacional y puede ser una pieza habitual en las próximas Ventanas del Mundobasket 2023 para la selección de Sergio Scariolo

Con la adquisición del exjugador de Casademont Zaragoza, el club se alejaba del perfil tirador que suponía Adam Waczynski para apostar por un jugador más físico y con más aptitudes defensivas que podía hacer que el equipo diera un salto de calidad en esa faceta. El alero formado en la cantera del Real Madrid puede ser ese jugador que el Unicaja lleva tanto tiempo necesitando y que ahora por fin tiene.

Jonathan Barreiro puede hacer mejor al equipo en numerosas cuestiones. La primera es su polivalencia en la cancha: puede ocupar tanto la posición de «3», siendo compañero del francés Axel Bouteille, o la de «4», supliendo en algún momento las posibles bajas de Tim Abromaitis o Carlos Suárez. En la Copa de Andalucía que se celebró este domingo jugó todo el partido como ala-pívot ante la ausencia del capitán cajista, pero la intención del cuerpo técnico y del entrenador es que su plaza natural sea la de alero.

Una de las situaciones de juego en las que el Unicaja estuvo más débil durante la temporada pasada fue el rebote. Tal es el caso que fue el último equipo en estadísticas reboteadoras: solo 30,6 por partido, mientras que el Casademont Zaragoza, equipo al que pertenecía Barreiro, ocupaba la novena posición con 34,3 capturas de media por encuentro.

Gran parte de culpa la tiene el ahora jugador cajista. Su gran físico le permite atacar el rebote con fuerza tanto en defensa como en ataque y es una de las principales cualidades en las que puede impulsar a los de verde. Es más, capturó más rebotes en defensa que cualquier jugador de la entidad de Los Guindos durante la temporada pasada (101), solo el marbellí Rubén Guerrero consiguió igualarlo en los ofensivos (49).

Otra de las facetas en las que el club de Málaga ha sufrido en los últimos años ha sido en la defensa. El físico de Barreiro es capaz de hacer que el róster cajista mejore a la hora de proteger al aro. Sabe leer muy bien la continuidad de los bloqueos, cuándo ayudar en los cambios que se producen en la rotación de la defensa y es capaz de enfrentarse a jugadores más altos y fuertes que él.

Esta condición defensiva le lleva a ocupar un papel muy importante en una variante del juego que Katsikaris ya probó durante unos minutos ante el Betis y que se pone con frecuencia en práctica en el baloncesto mundial, especialmente en la NBA: el ‘small ball’. Esta táctica consiste en poner en la cancha un quinteto de jugadores donde no existe la figura del tradicional pívot alto y robusto, sino que se apuesta por un juego interior quizás más pequeño y móvil para debilitar a la defensa contraria, aunque puede surgir el mismo problema a la hora de proteger el aro del propio equipo. El técnico griego lo puso en marcha el pasado domingo con la figura de Barreiro como «4» y Abromaitis de «5». Sin embargo, era el nuevo fichaje quien defendía al ‘center’ rival, un jugador más corpulento y con más centímetros.

A parte de sus importantes cualidades defensivas que tendrán un gran impacto en la actitud de la plantilla, el alero puede aportar cosas diferentes al ataque de Unicaja. En los últimos años se ha acusado a la plantilla de abusar del triple y no distribuir el balón en la zona. Barreiro puede recibirlo tanto en el exterior como también en la zona y desde ahí distribuir o postear. Sin embargo, una de sus mayores virtudes es penetrar hacia canasta desde la línea del triple, lo que puso en práctica en varias ocasiones ante el conjunto de Joan Plaza. Su gran físico le permite poder anotar ante jugadores más grandes que él y sacar ventaja gracias a su velocidad.

No obstante, una de las características en las que más ha progresado en los últimos años de su carrera es en el tiro de 6,75, una de las principales valías de este Unicaja. No alcanza los porcentajes del jugador que por posición viene a sustituir, el polaco Adam Waczynski, pero en la última temporada ha llegado a su mejor cifra: 35,3% (si no se tiene en cuenta los datos de su temporada en Madrid, donde solo lanzó dos y anotó uno).

Si se atiende a todos estos aspectos, Jonathan Barreiro es una clara apuesta de presente y de futuro para el Unicaja y puede ayudar a que la plantilla mejore y crezca, principalmente en tareas defensivas. No es alguien que tenga la necesidad constante de tener el balón en las manos, por lo que será de esos jugadores que impulsen al equipo gracias al trabajo sucio que no se ve.

Su adaptación al equipo, que parece ser buena desde el principio, será clave para que el club consiga los objetivos.