Además de ser un templo del baloncesto, el parqué del Martín Carpena hoy ha sido testigo de una entrañable estampa familiar: el reencuentro del joven Yannick Nzosa con su madre. Había pasado un año y medio desde la última vez que ambos pudieron abrazarse, una larga espera que ha culminado esta mañana.

La madre del jugador ha esperado a que acabase el entrenamiento de hoy, escondida en los pasillos del Palacio de los Deportes hasta que le diesen la señal. Mientras se acercaba a la pista, Yannick se emocionaba y los jugadores y miembros del cuerpo técnico aplaudían el precioso encuentro.

Poco después, en declaraciones a los medios del club de Los Guindos, Nzosa comentaba que era "una sorpresa, nunca esperaba traer a mi madre aquí, hoy es uno de los días más felices de mi vida". "Creía que venía el presidente a decirnos algo, pero cuando vi a mi madre me puse a llorar, muy emocionado".