Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) es un hombre incansable, y en estos días anda liado con la promoción de ‘Transbordo a Moscú’ (Seix Barral, 2021), el recién publicado cierre de la trilogía que comenzó en 2018 con ‘El rey recibe’-al año siguiente publicó la continuación, ‘El negociado del yin y el yang’-. Vamos, que cerca de los 80 años, el escritor catalán se ha ventilado tres tochos en apenas tres años; y en esos años ha publicado otros libros, escrito artículos, dado entrevistas y creo que podemos suponer que ha pasado tiempo con la familia. Su fina ironía parece inagotable, igual que su divertido y descreído pesimismo, virtudes que ha aplicado en esta trilogía a revisar las postrimerías del turbulento siglo XX. «Si me paso varios días seguidos sin escribir, tengo una sensación tremenda, como si tuviera ahí unas palabras que se me van a echar a perder como una comida guardada demasiado tiempo. ¿Qué haría si no?», comentó hace unos días en una buena entrevista para ‘La voz de Galicia’, la misma en la que soltó esta perla sobre los libros de autoayuda: «De vez en cuando leo uno porque me muero de la risa. Quizás sea el género más despreciable y abominable que exista». Tenemos mucha suerte de contar con Mendoza entre los escritores más activos; que sea por muchos años y muchos más libros.